¿Salarios al alza… o pérdida de poder de compra? El espejismo del primer informe de productividad en España

El primer informe anual del Consejo de la Productividad de España ha puesto sobre la mesa un diagnóstico clave para entender la economía actual: la productividad y los factores que impactan en ella. Uno de los principales es la “cuota laboral”, el indicador que mide qué porcentaje del PIB se destina a pagar a los trabajadores en forma de salarios y cotizaciones.

Desde 2018, esta cuota ha crecido debido a que los salarios han aumentado a un ritmo superior al de la productividad: mientras que la productividad por hora ha crecido un 3,6%, la remuneración real de los trabajadores ha aumentado un 7,7%. Una situación que rompe la tendencia del período 1999-2017, en el que las ganancias de productividad solo se trasladaron parcialmente a las nóminas.

Salario Mínimo Interprofesional (SMI): una cuestión de justicia social con efectos asimétricos

Esta subida de salarios por encima de la productividad tiene su origen en decisiones políticas. El informe reconoce que el aumento sostenido del SMI (Salario Mínimo Interprofesional) era una medida de justicia social necesaria para corregir décadas de precariedad. Esta intervención ha permitido que los deciles 1 y 2 (las rentas más bajas) hayan recuperado entre un 20% y un 25% de poder adquisitivo real desde 2018.

Sin embargo, mientras el BOE impulsaba los salarios mínimos para reducir la desigualdad, el resto de la escala salarial ha mostrado un comportamiento muy distinto. Para los deciles medios y altos, el crecimiento real ha quedado prácticamente estancado.

El contraste entre salario bruto y neto: el peso de la «cuña fiscal»

Es necesario especificar que el informe habla en todo momento en términos de “remuneración”, es decir, del coste total para la empresa (incluyendo cotizaciones). Aquí es donde la «cuña fiscal» marca la diferencia.

Por un lado, la falta de deflactación del IRPF frente a la inflación ha generado la conocida «progresividad fría». Muchos profesionales, al recibir aumentos brutos para compensar el coste de la vida, han saltado de tramo impositivo y han acabado pagando más impuestos con la misma capacidad de consumo.

Por otra parte, las cotizaciones sociales han aumentado con el objetivo de blindar la sostenibilidad del sistema de pensiones frente al envejecimiento demográfico, introduciendo nuevos mecanismos de recaudación como el Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI) y la nueva cuota de solidaridad.

El resultado es que la empresa paga más, el Consejo registra una mejora en la “cuota laboral”, pero el salario neto real de los profesionales que se sitúan entre los deciles medios y altos se ha reducido ligeramente (con estimaciones de caídas marginales entre el -0,8% y el -0,9%).

El reto de incentivar el talento y la inversión privada

El informe apunta que el verdadero problema estructural de España es la atonía de la inversión privada en tecnología e I+D. La productividad no sube lo suficiente porque las empresas españolas todavía invierten poco para ser más eficientes. En ese contexto, si los costes salariales suben por encima de la eficiencia real, la competitividad del país a largo plazo podría verse comprometida.

Además, si la distancia limpia entre un puesto de trabajo de baja calificación y uno de alta responsabilidad se estrecha por el peso de la fiscalidad, se corre el riesgo de desincentivar la formación y la especialización. España necesita que su talento se sienta recompensado para poder liderar la transformación tecnológica que el propio informe considera imprescindible para el futuro.

Conclusión: España no puede crecer solo a base de decretos

Se ha dado un paso necesario en la cohesión social corrigiendo los salarios más bajos, pero se ha hecho sin resolver el problema de fondo: la escasa mejora de la eficiencia empresarial.

No podemos aspirar a ser una economía líder basándonos solo en el BOE. Si la productividad real no acompaña a los aumentos salariales, y si seguimos asfixiando fiscalmente el talento y la inversión privada, el sistema llegará a un callejón sin salida. Un país que renuncia a premiar la excelencia y que no incentiva a sus empresas a ser más innovadoras y crecer está condenado a un estancamiento permanente.

Es hora de decidir si queremos un reparto equitativo de la riqueza o un reparto equitativo de la pobreza.

El nuevo informe del Consejo de la Productividad apunta a una paradoja: las empresas pagan más, pero muchos trabajadores cobran menos en términos reales. Compartir en X

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