Las 10 playas más escondidas de Cataluña

Desde el cabo Falcó, en el norte, hasta el río Sènia, en el sur, Cataluña tiene la suerte de disfrutar de kilómetros y kilómetros de costa, concretamente 580. Pero cuando aprieta el calor, extender la toalla en una de sus hermosas playas, calas y calitas lejos de la esterilla del vecino -este año, a unos dos metros como poco- puede resultar misión casi imposible. Lejos de postales de masificados arenales urbanos que hacen las delicias de los turistas extranjeros, aquí van 10 de las playas más secretas de la costa catalana para disfrutar este verano.

1. Cala Treumal (Blanes. Selva)

En el límite entre Lloret de Mar y Blanes, en la zona de Santa Cristina, cala Treumal destaca por su entorno natural formado por un bosque de pinos y el jardín botánico de Pinya de Rosa y por estar un tanto alejada de las zonas de baño con mayor afluencia de público. Tiene, además el atractivo de estar separada por una gran roca de otra cala preciosa, la de Santa Cristina. Ambos espacios están distanciados por un pasadizo natural formado por las propias piedras de la zona y el efecto de la erosión sobre ellas.

Se puede acceder a ella desde un párking público y por un sendero. Tiene 200 metros de longitud por 25 de anchura. Además de unas aguas cristalinas, la cala ofrece servicios como un restaurante, duchas y lavapiés, socorrista y servicio de alquiler de hamacas.


2. Cala Tavallera (Cap de Creus. Alt Empordà)

A esta playa, una de las últimas vírgenes de Catalunya, muchos bañistas llegan en barco, pero también se puede ir andando desde el Port de la Selva, por el camino GR-11. Cerca de dos horas de paseo con una gran recompensa al final: un baño en unas aguas cristalinas y poco profundas. No es muy grande: 135 metros de longitud por 15 de anchura. Su superficie está formada por arena y guijarros grises. Lo peor: como la playa está orientada hacia el norte, se convierte en un lugar inhóspito cuando sopla la tramontana.


3. Cala Culip (Cadaquès. Alt Empordà)

Está en pleno Cap de Creus y a ocho kilómetros de distancia del núcleo urbano de Cadaquès. Hasta el 2004, cuando cerró el Club Med, solo se podía acceder con un ‘pase de visitante’ que daba el local. Es una de las pocas calas donde se puede hacer inmersión. Sus pequeñas dimensiones, 15 metros, le otorgan una baja tasa de ocupación. Además, solo se puede acceder a pie o en barco. Rocosa, de arena gruesa y aguas azules, en ella está permitido el nudismo.


4. Cala La Punta del Fangar (Deltebre. Baix Ebre)

Al final del delta del Ebro hay una inmensa lengua de arena, la península del Fangar, que se va estrechando y curvando hasta encerrar un lago de agua salada, un mar interior que se conoce como el puerto del Fangar. Se trata de uno de los espacios naturales más bellos de Tarragona, donde el tiempo se ha cristalizado. El Fangar tiene siete kilómetros de playa de arena finísima, 400 hectáreas doradas con un faro blanco y rojo como única decoración.

Es un espacio único, un desierto de dunas, protegido por la nidificación de gaviotas y charranes hasta mitad de agosto.


5. Playa del Trabucador (Sant Carles de la Ràpita. Montsià)

Se trata de una estrecha franja, un apéndice de 6,5 kilómetros de longitud, que se adentra en el mar hasta la península de la punta de la Banya, en pleno parque natural del Delta del Ebro. Un refugio salvaje y tranquilo para el bañista amante de la naturaleza y de la fotografía. El istmo del Trabucador tiene un camino por el que se puede seguir el curso de la playa hasta llegar a las salinas de La Trinitat. Un recorrido de aguas tranquilas, si bien en verano experimentan algunas crecidas. Al ser un paraje natural (se puede llegar en coche, dejándolo en una entrada señalizada como zona protegida) no cuenta con servicios públicos de vigilancia o chiringuitos.


6. Cala Aiguablava (Begur. Baix Empordà)

Tal como su nombre indica es una cala de aguas turquesas cristalinas y arena fina y dorada. Tiene unas vistas privilegiadas de la bahía y del cabo de Begur, y a ella se puede llegar por carretera y también por barco. Para algunos, se trata de la playa más bonita de la Costa Brava, por eso en verano suele estar bastante ocupada, sobre todo porque es de reducidas dimensiones, 100 metros de largo y 25 de ancho. Cuenta con diferentes servicios, así como alquiler de equipos de buceo y kayaks.

7. Cala Estreta (Palamós. Baix Empordà)

Es una de las calas más recónditas y sublimes de la Costa Brava, con una alto valor natural y paisajístico. Para poder disfrutar de sus encantos es necesario caminar desde la playa del Castell (un paseo de entre 20 y 30 minutos). Desde el Castell hay que coger la senda de ronda hacia el norte. Por este camino se suceden las mejores calas de la zona (Sania, Els Corbs, el Crit o la playa del Golfet).

Como su nombre indica, es una cala estrecha, poco más de 100 metros, y se divide en dos por un saliente de roca de grandes dimensiones llamado la Roja. Es de arena gruesa y de aguas poco profundas, por lo que adopta unas bellas tonalidades. Normalmente tiene poca afluencia y no cuenta con servicios. Está permitida la práctica del nudismo.

8. Cala de Sa Futadera (Tossa de Mar. Selva)

También se la conoce como la cala de los 300 escalones. La vista desde lo alto de la playa es impresionante: el turquesa del agua con el verde de los pinos y las rocas de color rosáceo. Un pequeño paraíso salvaje de 100 metros de largo por 10 metros de ancho. Está compuesta de arena de grano grueso y tiene una fuerte pendiente de entrada en el mar, con un fondo marino arenoso. No suele estar muy concurrida y no dispone de servicios. Las embarcaciones de recreo acuden en verano a la cala.


9. Cala del Torn (L’Hospitalet de l’Infant. Baix Camp)

Esta playa, rodeada de acantilados rocosos y verdes pinos, está considerada como una de las mejores de Catalunya. Ideal para los amantes del ‘snorkel’ y del naturismo. El entorno paisajístico de La Rojala, donde se ubica, se enmarca dentro del Pla d’Espais d’Interès Natural.

El paraje, a tan solo dos kilómetros del Hospitalet de l’Infant, tiene una longitud de 1,4 kilómetros y cerca de 82 metros de amplitud. De arena fina y dorada, dispone de servicios como puesto de socorrista y alquiler de hamacas. Incluso en temporada alta es un lugar realmente tranquilo.

 


10. Playa del Búnker (Mataró. Maresme)

También conocida como la playa del Fortí, tiene enclavada en la misma arena varios nidos de metralletas construidos durante la guerra civil. Se encuentra a las afueras de Mataró y tiene un fondo marino rocoso con gran población de peces.

Actualmente se tienen documentados ocho búnkeres, situados de forma ordenada a lo largo de la franja litoral del término municipal. Estas construcciones fueron recuperadas por iniciativa de la Comissió de la Memòria Històrica de la Gent Gran. De estos, hay cinco situados entre la playa del Varador y el torrente de Vallgiró que siguen en pie, aunque en diferentes estados de conservación.

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