Primero, el escenario: el último barómetro municipal del Ayuntamiento de Barcelona era desconcertante. La razón era evidente. Colau ganaría las elecciones pese a que resultaba la quinta candidata en valoración y la peor alcalde de la serie histórica, junto con los momentos terminales de Hereu.

Su gobierno, junto a Collboni y el PSC, era también el peor de todos los habidos. Las explicaciones forzadas a tanta anomalía han ido por barrios políticos, aunque la razón es clara y transparente como agua pura.

  1. La encuesta municipal sólo da una valoración directa de voto; es decir, sólo considera a los que responden a la pregunta “a quiénes votarán”, sin más apreciaciones y correcciones -que no es lo que hacen las empresas del oficio cuando publican encuestas.
  2. La muestra de que, teóricamente, respeta el universo de votantes barceloneses está extraordinariamente sesgada a favor de Colau, como puede observarse acudiendo a la mesa de recordatorio de voto de la misma encuesta.

Concretamente, en las anteriores elecciones votaron a Colau un 13,7% del censo electoral, pero según la encuesta fueron un 20%, y que ahora serían un 14,8%. La encuesta está inflada en 6,8 puntos porcentuales, lo que en términos relativos representa casi un 50% de aumento. Pese a tal prima, sólo mejora en 1,1 puntos su resultado electoral. Sólo del enunciado ya se desprende que hoy votan a Colau bastantes menos que los que lo hicieron anteriormente. En realidad, con las cifras de la encuesta debidamente juntadas, Colau no superaría un 10% de los votos (siempre sobre censo), en el mejor de los casos. Es precisamente esta exageración de la muestra sobre el votante de Colau que hace que gane en 8 distritos, entre ellos en Sarrià-Sant Gervasi (!)

Hay que decir que las cifra de ERC también están hinchadas, pero menos, porque la sobreponderación está en torno al 20%. Sobre censo el resultado ajustado no alcanzaría el 9% y podría empatar con Colau, incluso superarla si ésta se sitúa en la banda baja.

En definitiva, ni unos ni otros atraviesan un buen momento y muestran dos partidos en bajón municipal.

Con el PSC sucede a la inversa, porque la muestra lo subvalora: resultado encuesta 7,4%. Muestra 10,4. Resultado electoral 12,1 y, por tanto, con la correspondiente ponderación podría superar ligeramente el 9%.

Dado el margen de error, se puede considerar que la fotografía de la encuesta da un resultado ajustado de las tres fuerzas, en el que todas ellas perdieron votos en relación a las anteriores elecciones. Sumadas, no superarían el número de 30% de los votantes. A mayor participación, más migrado el resultado. Y aquí está la principal llave de vuelta: movilizar al desencantado, crítico y desengañado ciudadano de Barcelona

Toda la encuesta está también sesgada hacia la izquierda y, por tanto, reduce a los votantes de los partidos que no son de este espectro. Es una forma como otra de desanimar al personal. En realidad, y con sus datos, todo este espectro es un 75% mayor de lo que indica su estimación electoral.

Como es lógico, todas las respuestas a las cuestiones concretas están sesgadas en el mismo sentido, y esto ayuda a entender la mala valoración de Colau, aunque, en la mayoría de cuestiones los votantes parecen compartir buena parte de sus políticas.

Lo que también resulta claro, correcciones incluidas, es que no existe alternativa. Los partidos de oposición mejoran ligeramente, pero quedan lejos de sacar rendimientos al rechazo a Colau, a su gobierno, que arrastra a ERC, que no ha hecho de alternativa, sino de lo que ha convenido en cada caso al gobierno de Aragonès.

En este escenario, y si no aparecen nuevas alternativas políticas con fuerza, se daría la paradoja de que podrían ganar el bloque PSC-Colau-ERC, con una abstención que podría superar el 40%, a pesar de que en términos absolutos los tres perdieran un puñado de votantes. La victoria de los perdedores. ¿Merece esto Barcelona? La respuesta está en manos de todos.

Este escenario es el que dibujaba con términos más amables en el poder establecido, Ivan Redondo en La Vanguardia el pasado día 19 de enero. De su análisis, que utiliza la misma fuente municipal, vale la pena retener: el 69% considera que la ciudad ha empeorado en el 2021, frente a un 21% que piensa lo contrario. De los que creen que ha empeorado, un 48% considera que el retroceso continuará en el 2022 y sólo un 31% cree lo contrario. El 45% opina que ningún partido es capaz de resolver los problemas de Barcelona, ​​el 40% no sabe quién lidera la oposición, y el 60% no ve alternativa alguna. Más claro, el agua.

El agujero político es descomunalla oportunidad también. La condición es presentar una fuerza nueva, fresca, alejada de los tics de los partidos de siempre y sus historias. Con un proyecto concebido desde la realidad y necesidad de la mayoría ciudadana, sin añoranzas ni búsquedas de “centros” perdidos. Una alianza de ciudad surgida de una Agrupación de Electores construida desde el desinterés de los promotores por los cargos políticos, y que busca el mejor programa y la mejor candidatura. Es en el seno de este gran proyecto, donde las personas que desean configurar un nuevo partido político, como los de antes, tendrían su papel y contribución. Sería la hora de demostrar que Barcelona tiene una sociedad civil viva, y no un conjunto de cabezas de ratón, y migrados intereses corporativos. Es el momento de ver si Barcelona juega un papel de futuro, o todo queda reducido a papel de periódico.

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