Mercosur, Davos, Groenlandia, Ucrania. ¿Saldrá adelante Europa?

La Unión Europea atraviesa uno de esos momentos históricos en los que la suma de crisis ya no es coyuntural sino estructural. A finales de enero de 2026, el proyecto europeo se encuentra sometido a un triple asedio: externo, interno e institucional. Ucrania, Mercosur, Groenlandia, Davos y Trump no son episodios aislados, sino síntomas de un mismo problema: la pérdida de capacidad de autoridad y acción coherente de la UE como actor global.

El ritmo de la historia se ha acelerado hasta límites difíciles de manejar. Mientras en Cataluña y en buena parte de España se hace visible el colapso de infraestructuras básicas, Europa afronta un escenario geopolítico hostil sin las herramientas políticas necesarias para responder a ellas. Lo que se presenta como solución —el acuerdo con el Mercosur— acaba siendo, paradójicamente, un amplificador de la crisis.

El frente ucraniano: la guerra que Europa puede perder sin combatir

La guerra de Ucrania es el primer gran frente, cronológica y estratégicamente. Pero es también lo que ha perdido centralidad política. En Davos, el conflicto ha quedado eclipsado por el activismo de Donald Trump y por las nuevas tensiones comerciales globales. El riesgo principal no es una derrota militar, sino una paz impuesta.

Kiiv teme —no sin motivos— que Washington y Moscú acuerden un alto el fuego por encima de su cabeza, dejando a la UE la factura de la reconstrucción sin voz real alguna sobre la seguridad futura. En ese escenario, Europa aparece como el pagador final de un conflicto que no controla políticamente.

Trump, Groenlandia y el chantaje de la seguridad

El regreso de Trump a la escena internacional ha sacudido todos los equilibrios. La crisis de Groenlandia es el ejemplo más crudo. Tras la tormenta inicial, Trump ha utilizado el conflicto como palanca de presión: encauzándolo dentro de la OTAN, ha reafirmado el control estadounidense sobre el Ártico y ha obligado a los aliados europeos a aumentar el gasto militar bajo amenaza de desmantelar la alianza.

Es una soberanía europea condicionada, casi tutelada. Las amenazas de aranceles del 10% al 25% contra países europeos completan el cuadro de una relación transatlántica basada ya no en valores compartidos, sino en pura realpolitik.

Davos 2026: Europa predica, el mundo actúa

El Foro Económico Mundial de Davos ha sido el gran escenario simbólico de esa fractura. Mientras los líderes europeos insisten en el lenguaje del multilateralismo y las reglas comunes, el resto del mundo —EE.UU., China, India— opera abiertamente en clave de intereses nacionales. La UE parece hablar un idioma que ya no es hegemónico.

Este desajuste entre discurso y realidad erosiona la credibilidad europea en cada negociación internacional.

Mercosur: el acuerdo que revela la descomposición interna

El caso Mercosur es el terremoto institucional que visibiliza la crisis. El 20 de enero de 2026, el Parlamento Europeo votó, por un margen ajustadísimo, enviar el acuerdo comercial con el Mercosur al Tribunal de Justicia de la UE. El resultado -334 votos a favor, 324 en contra- congela la ratificación de un acuerdo firmado pocos días antes.

Formalmente, se trata de examinar la compatibilidad jurídica del mecanismo de resolución de disputas y de las cláusulas medioambientales. Políticamente, es una desautorización en toda regla de la Comisión Europea y, personalmente, de Ursula von der Leyen.

El mensaje hacia el exterior es devastador: ¿por qué negociar con la UE si su propia arquitectura institucional puede deshacer años de negociación en cuestión de días?

Francia contra Alemania: Europa contra sí misma

El bloqueo del Mercosur ha abierto una profunda fractura entre dos bloques irreconciliables. Por un lado, el bloque proteccionista, liderado por Francia y con el apoyo de sectores agrarios y ecologistas. Por otro, el bloque exportador, con Alemania y España a la cabeza, que ven el acuerdo como una salida estratégica frente al aislamiento comercial de EUA.

Esa división interna es el mejor regalo para Washington y Pekín. Una Europa fragmentada deja de ser un actor negociador para convertirse en un tablero en el que otros mueven las piezas.

El dilema democrático: ¿a quién representa la Comisión?

La pregunta central que recurre Bruselas es tan simple como inquietante: ¿a quién representa hoy a la Comisión Europea?

En teoría, defiende el interés general de la Unión. En la práctica, ha quedado atrapada en tierra de nadie. No representa a unos Estados miembros profundamente divididos ni un Parlamento que ha optado por una contra-diplomacia activa. El resultado es una tecnocracia sin base política, que negocia grandes acuerdos geopolíticos sin apoyo social ni parlamentario.

Los tractores en Estrasburgo celebrando el bloqueo del Mercosur son una potente imagen: la calle contra la geopolítica abstracta.

Conclusión: de actor global a escenario pasivo

Europa termina en enero de 2026 con una crisis de autoridad sin precedentes. Si la Comisión Europea no puede cerrar acuerdos, si el Parlamento bloquea la acción exterior y si los Estados miembros juegan partidas nacionales, la UE deja de ser un actor global.

En ese vacío, Trump y China no imponen solo condiciones: imponen el ritmo. Y Europa, atrapada en sus propias contradicciones, corre el riesgo de limitarse a reaccionar cuando sea demasiado tarde.

Si la Comisión Europea no puede cerrar acuerdos, si el Parlamento bloquea la acción exterior y si los Estados miembros juegan partidas nacionales, la UE deja de ser un actor global. Compartir en X

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