El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su núcleo duro en la Moncloa —que contaba con 477 asesores en 2025, con un coste aproximado de 40 millones de euros— y ministros como Óscar Puente, Óscar López y Félix Bolaños, que forman parte del círculo estratégico, sostienen que pueden ganar las próximas elecciones generales incluso encadenando derrotas previas en las autonómicas de Castilla y León y Andalucía, antes de un largo parón político de casi un año que desembocaría en las municipales y finalmente las generales.
La hipótesis estratégica es clara: perder ahora para ganar después. Sin embargo, convertir una sucesión de derrotas —que dejarían al PSOE muy debilitado en el poder autonómico y local— en una victoria exige el cumplimiento de varias condiciones políticas internas y externas.
Primera condición: blindar el partido tras las derrotas
La primera condición es de naturaleza interna. Ya está en marcha con la “diáspora” de ministros hacia candidaturas autonómicas. Asume que los ministros enviados al frente electoral perderán —aunque en el caso de Pilar Alegría se esperaba inicialmente un mejor resultado, subestimando el deterioro de su imagen política—.
No se trata de ingenuidad. La lógica es distinta: esos ministros actúan como garantes de la disciplina orgánica tras los reveses. El objetivo es evitar una rebelión interna derivada de sucesivos desastres electorales. Si los candidatos derrotados pertenecen al núcleo de confianza del presidente, el control del aparato se mantiene férreo y se reduce el riesgo de fractura interna. No se trata de ganar elecciones, sino de mantener el partido unido en la derrota.
Segunda condición: la construcción del “líder global”
La segunda condición es de carácter estratégico y simbólico: la transformación del perfil internacional del presidente.
Se abandona la imagen del Sánchez europeísta que aspiraba a un papel destacado en las instituciones europeas y atlánticas, y se impulsa la construcción de un “líder global” de la izquierda progresista. En este marco:
- Se opone a decisiones europeas como el rearme y el refuerzo de la defensa nuclear.
- Marca distancias con el canciller alemán Friedrich Merz, especialmente cuando este aboga por desregularizar el exceso burocrático de la UE.
- Se enfrenta de forma tangencial, no frontal, al presidente estadounidense Donald Trump.
- Mantiene una posición especialmente favorable hacia China en comparación con otros líderes europeos.
- Desafía a los “tecno oligarcas”, al menos de palabra.
- Compite indirectamente en las relaciones con China con dirigentes como Viktor Orbán, aunque desde el extremo ideológico opuesto.
Aunque la política internacional raramente determina el voto en clave doméstica, el equipo presidencial considera que, en un contexto de polarización global frente a Trump, este perfil puede generar dividendos electorales en el electorado progresista.
Tercera condición (decisiva): Erigirse en único dique frente al “protofascismo”
La tercera condición es la clave táctica: presentarse tras las derrotas como el único baluarte frente a la amenaza del “protofascismo” de Vox y Partido Popular.
La narrativa busca separar las derrotas territoriales del liderazgo personal: quienes pierden son “otros” del PSOE; el presidente se sitúa por encima del partido como líder de la izquierda que debe frenar la ola populista que recorre Europa y el mundo.
Esta estrategia se alimentaría con grandes iniciativas institucionales que afecten al orden constitucional y requieran mayorías cualificadas, trasladando al electorado la idea de que solo una amplia mayoría puede consolidar esos cambios.
La constitucionalización del aborto: primer gran movimiento
La primera medida en esa dirección ya está en marcha: elevar el aborto a rango constitucional, siguiendo el precedente impulsado por Emmanuel Macron en Francia.
El 26 de febrero el Consejo de Estado debe pronunciarse. Tras una intensa polémica interna que ha tensionado la institución, previsiblemente declarará por mayoría —la que suman los miembros designados por el Gobierno— que no existe inconveniente para iniciar ese cambio.
La jurisprudencia del Tribunal Constitucional sobre el aborto ha establecido tres premisas constantes:
- La vida humana es un continuo biológico desde la gestación.
- El nasciturus no es titular de un derecho fundamental subjetivo.
- Pero sí es un bien jurídico constitucionalmente protegido.
Esta tercera premisa implica un deber de protección por parte del Estado. La despenalización del aborto se legitima como respuesta a un conflicto constitucional grave, no como neutralidad estatal frente a la vida prenatal. La vida prenatal permanece protegida, aunque de forma ponderada.
Constitucionalizar el aborto alteraría ese presupuesto estructural. Se distorsionaría el texto y el sentido de la Constitución, pero eso es lo que menos le importa a Sánchez, que concibe los derechos en función de su beneficio. La despenalización no equivale al reconocimiento de un derecho fundamental autónomo.
La vía del artículo 43 y la acusación de “mutación constitucional”
El siguiente paso sería aprobar la reforma mediante una vía indirecta: vincular el aborto al derecho a la protección de la salud (artículo 43 CE).
Sin embargo, el artículo 43 no forma parte del núcleo duro de derechos fundamentales y no goza del régimen reforzado del artículo 15 CE (derecho a la vida). Utilizarlo para reconfigurar materialmente este último sin seguir el procedimiento agravado de reforma constitucional supondría una mutación constitucional más que una interpretación evolutiva. Una cacicada hablando en plata.
Pero eso tampoco importa. Baste recordar decisiones controvertidas de la Fiscalía General del Estado y resoluciones del Tribunal Constitucional, como la revisión de condenas en el caso de los ERE de Andalucía.
Aun así, no está claro que el Gobierno disponga de la mayoría cualificada necesaria. ¿Qué persigue entonces? Intensificar la polarización entre bloques y recomponer su relación con el feminismo, deteriorada por escándalos que han afectado a la imagen de un Ejecutivo autodefinido como “feminista”, incluyendo el último caso del comisario González, policía jubilado pero en activo nada menos como número dos de la Policía, el DAO del Ministerio del Interior por decisión gubernamental.
Polarización económica y reedición del conflicto de bloques
La estrategia no se limita al terreno constitucional. También se alimenta el enfrentamiento económico mediante críticas a los empresarios por no elevar salarios pese a beneficios crecientes, sin distinguir entre grandes corporaciones y la mayoría de pymes y micropymes que operan con márgenes ajustados.
En este contexto, no se descarta un aumento deliberado de la confrontación política, evocando una reedición simbólica de “rojos contra azules”. Ninguna medida destinada a movilizar una mayoría amplia para impulsar cambios constitucionales se considera fuera del tablero, incluida, como hipótesis extrema, la apertura del debate sobre el fin de la monarquía, aunque este sería un indicio de deterioro severo de las expectativas electorales.
La conclusión es que el escenario proyectado es el de un “guerracivilismo” sin armas, una polarización máxima como herramienta de supervivencia política. El objetivo final: mantenerse en el poder.
La conclusión es que el escenario proyectado es el de un “guerracivilismo” sin armas, una polarización máxima como herramienta de supervivencia política. Compartir en X





