¿Es la caída del Imperio Romano un precedente de la actual situación de la UE?

Hay momentos en la historia en que los imperios no caen: se deslizan. No hay un estruendo único, ni un día concreto en el que todo se derrumba. Hay, sin embargo, un goteo. Un cansancio acumulado. Una transformación lenta que, cuando quiere diagnosticarse, ya es irreversible. Así murió el Occidente romano. Y así —se preguntan algunos— podría estar mutando Europa.

La caída del Imperio Romano de Occidente no fue una explosión repentina, sino un proceso largo, de siglos, en el que factores demográficos, fiscales, militares y culturales se entrelazaron. Entre ellos, la variable demográfica destaca como una corriente subterránea que lo impregna todo.

A partir del siglo II, con la peste antonina y las crisis recurrentes, la población imperial empezó a disminuir. Las élites senatoriales, preocupadas por no fragmentar patrimonios y por preservar estatus, limitaban la descendencia. Las leyes de Augusto intentaron estimular la natalidad, sin éxito duradero. Los esclavos, desarraigados y sometidos, no constituían una base reproductiva estable. Y una parte significativa de los hombres en edad fértil pasaba veinte o veinticinco años en las legiones. El resultado no fue inmediato, pero sí persistente: menos pequeños propietarios, menos contribuyentes, menos soldados autóctonos.

Roma respondió cómo responden los sistemas sofisticados cuando les falla una pieza: sustituyéndola. Primero, con esclavos provenientes de los pueblos derrotados. Después, con colonos vinculados a los latifundios. Por último, con los foederati germánicos incorporados al ejército. El proceso no fue, de entrada, violento. Fue funcional. Necesario. Pragmático.

Durante generaciones, los llamados “ bárbaros” no quisieron destruir Roma; quisieron formar parte. Adoptaron el latín, el derecho romano, el cristianismo. Pero al mismo tiempo preservaron redes propias de lealtad. Cuando figuras como Estilicó —de origen vándalo— o, más tarde, Odoacre, llegaron a la cima del poder militar, el proceso hacía tiempo que se había incubado. El ejército romano combatía enemigos que a menudo compartían origen con sus propios mandos.

La sustitución, por tanto, no empezó siendo militar. Fue laboral y social antes que política. Sólo cuando el Estado perdió capacidad fiscal —incapaz de recaudar impuestos suficientes para sostener las legiones— la integración se transformó en autonomía y, finalmente, en fragmentación.

Aquí es donde el paralelismo con la Unión Europea se convierte en sugerente.

Europa vive un invierno demográfico sostenido. Las tasas de fertilidad se mantienen por debajo del reemplazo. La población envejece aceleradamente. Los sistemas de pensiones y salud dependen de una base contributiva que se estrecha. Para sostener sectores esenciales -agricultura, construcción, cuidados, logística- se recurre crecientemente a la inmigración.

La sustitución hoy es laboral y social. Todavía no es militar. Pero tampoco lo fue inicialmente en Roma.

La crítica habitual a ese paralelismo es doble. Primera: Roma no cayó por carencia de romanos, sino por colapso institucional y fiscal. Segunda: El contexto tecnológico actual -automatización, digitalización, IA- permite compensar parcialmente la baja natalidad.

Ambas objeciones, sin embargo, pueden integrarse en la tesis en lugar de desactivarla.

En el caso romano, la crisis fiscal estaba íntimamente vinculada a la demografía: menos contribuyentes, mayor evasión por parte de élites patrimonialmente concentradas, mayor presión sobre una base productiva menguante. Hoy Europa afronta tensiones similares: sistemas de bienestar extensos con una pirámide invertida. La tecnología puede mejorar la productividad, pero no sustituye por completo la necesidad de cohesión social ni de legitimidad fiscal.

La otra diferencia estructural es que Europa no es un imperio centralizado con un único ejército, sino una constelación de estados coordinados. Pero también Roma, en su tramo final, era más una federación de poderes regionales que un centro omnipotente.

Cuando la administración de Donald Trump publicó su National Security Strategy, el lenguaje era explícitamente realista: soberanía, fronteras, competencia entre potencias, suma cero. Sin citar a Gibbon ni Spengler, la premisa era clara: un sistema que no controla su base demográfica y productiva pierde autonomía estratégica.

¿Significa esto que Europa está condenada a caer como Roma? No necesariamente.

Existe una diferencia fundamental: Roma era una economía preindustrial de subsistencia. Sin brazos, no había cosecha. Europa es una economía de alta tecnología con capacidad de innovación y extraordinaria absorción cultural. Además, la integración contemporánea se da en marcos jurídicos consolidados, no en pactos militares frágiles.

Pero el paralelismo no apunta a una identidad exacta de procesos, sino a una lógica sistémica: cuando una sociedad reduce voluntariamente su reproducción, externaliza funciones esenciales y diluye su contrato social, entra en una fase de transformación profunda. El resultado puede ser una renovación o fragmentación.

Roma no fue conquistada en un solo día. Fue gestionada progresivamente por aquellos que inicialmente habían estado integrados por necesidad. El deslizamiento precedió al asalto.

La pregunta, pues, no es si Europa caerá como Roma, sino si sabe distinguir entre integración y dependencia estructural. Entre transformación y disolución. Entre adaptación y sustitución.

La historia no se repite; rima. Y las rimas, cuando se escuchan con atención, no son profecías. Son advertencias.

Roma no cayó en un día; se fue vaciando por dentro. ¿Europa está en el mismo umbral? #Roma #UE #Demografía Compartir en X

Creus que la reincorporació de Salvador Illa després d'un mes d'absència millorarà substancialment la gestió de la Generalitat?

Mira els resultats

Cargando ... Cargando ...

Entrades relacionades

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.