En plena crisis de la actividad económica de la ciudad, debida a los cierres obligados y las restricciones establecidas en la lucha contra la Covid-19, sólo la esperanza de una temporada de Navidad suficientemente buena otorga un mínimo de seguridad a los desastres del comercio y hostelería del área central de Barcelona, porque si no es así, enero y febrero certificarán la liquidación de muchos negocios y la pérdida definitiva de sus puestos de trabajo.

En este contexto, Colau intensifica su guerra contra el coche hasta el extremo de provocar el colapso de la ciudad. La reducción a un solo carril central del tramo entre la Plaza Francesc Macià en dirección Besós, hasta Roger de Llúria, es decir una reducción del 50% de su capacidad, ha generado el colapso de esta vía básica de Barcelona. Se pasa de cinco carriles en la entrada a sólo dos, uno de ellos el lateral. Este hecho no sólo impide una entrada normal a la ciudad, sino que dificulta la movilidad en los ejes verticales que acceden a esta vía, tanto en sentido descendente como ascendente: Calvet, Muntaner, Aribau, Balmes ven sus giros a izquierda y derecha colapsados. Y a través de estas vías el problema de la congestión del tráfico se extiende a la ciudad. Por si fuera poco, también Colau liquida otro carril en la calle Aragón para dedicarlo a la bicicleta. Será otra vía de acceso a la ciudad que quedará aún más restringida.

Y esto sucede cuando sigue imperando la lógica prevención de utilizar el transporte público. Mientras que el tráfico privado está casi normalizado, se sitúa sólo en un 5-10% por debajo del equivalente a los mismos datos del año pasado, el transporte público sólo alcanza el 60% de los niveles equivalentes.

Con estas operaciones Colau sacrifica la reactivación potencial de las fiestas navideñas al dificultar la movilidad interna. Hace también otra cosa, desincentiva el acceso desde el entorno metropolitano a la ciudad y redirige los flujos comerciales hacia los grandes centros comerciales de la periferia; una vez más a la recuperación económica de Barcelona.

Todo esto lo hace en nombre de la lucha contra la contaminación, omitiendo una cuestión decisiva. Lo que contamina no son el número de coches que circulan, sino el tiempo y la eficiencia en que están funcionando los motores. En otros términos lo que cuenta es el volumen total de gases emitidos a la atmósfera por unidad de tiempo, Cada hora por ejemplo, o cada 24. La velocidad ultralenta por la congestión, los paros y arranques, los vehículos parados funcionando multiplican el tiempo en el que el motores emiten gases a la atmósfera, y además especialmente en el caso de los diésel, hacen menos eficaz la combustión. Este es el principal foco de contaminación y lo que está haciendo Ada Colau es multiplicarlo. Con toda esta cuestión realmente insólita por lo que representa de contrario a los intereses de la ciudad, lo que también sorprende es la aquiescencia silenciosa del PSC que de esta manera contribuye a la caída de una ciudad a la que tanto contribuyó a levantar .

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