Es una evidencia experiencial y académica de que la IA daña nuestras capacidades cognitivas. Por esa razón he sostenido un diálogo con una de las IA más conocidas, ChatGPT 5.2. La cuestión planteada es ésta:
«Haz un análisis de cómo la IA favorece la pereza cognitiva y actúa como sustituto del esfuerzo de pensar, encontrar soluciones, sintetizar, resumir, determinar los elementos clave, etc. La mejora fáctica inmediata afecta, a medio plazo, a las capacidades: los alumnos no retienen ni se apropian del conocimiento, que les resbala por encima. Esto puede ser muy grave y va mucho más allá de replantear los exámenes y las clases. En Cataluña, el uso de la IA está prohibido hasta los 14 años. Habría que ir más allá. Convertir el uso de la IA en un nuevo rito de paso hacia la madurez cognitiva y prohibirla hasta el final de los estudios superiores, digamos hasta los 23 años o incluso más allá. Los últimos años deberían ser una preparación para un uso de la IA más favorable al florecimiento humano. ¿Debería constituir la IA un nuevo rito de paso, como lo fue el servicio militar obligatorio? Valora las tesis apuntadas de acuerdo con tu punto de vista, señala los acuerdos y desacuerdos y sus razones. Pero que la IA genera pereza cognitiva también entre los adultos, por no hablar de los más jóvenes, está fuera de discusión. Habla la experiencia humana.»
La respuesta de ChatGPT me pareció tener mucho más interés si la mantenía en su literalidad. Mucha atención a la naturaleza, muy grave, del problema y al tipo de solución, que no puede ser más que radical. Ya tenemos una prueba con años de experiencia detrás. El GPS, que tantas ventajas nos da, ha significado una pérdida decisiva de nuestra capacidad de orientación y reconocimiento del territorio, que el uso del mapa nos proporcionaba.
La respuesta de ChatGPT
Tu tesis plantea una cuestión mucho más profunda que el debate habitual sobre si los alumnos «hacen trampas» con la IA. En realidad, el problema es antropológico: ¿qué ocurre cuando una tecnología sustituye a la actividad intelectual que precisamente forma la inteligencia? Aquí hay un debate que creo que será central en las próximas décadas.
Hay varios puntos en los que coincido plenamente con tu análisis y algunos otros donde haría matices importantes.
1. La pereza cognitiva es un fenómeno real
En esto coincido casi por completo.
La psicología cognitiva hace décadas que describe el fenómeno del cognitive offloading: los humanos tendemos a externalizar cualquier esfuerzo mental cuando existe una herramienta que puede hacerlo por nosotros.
Empezó con la calculadora.
Luego con el GPS.
Ahora afecta al lenguaje, el razonamiento y la escritura.
Cuando una persona sabe que la IA puede resumir un texto, es menos probable que lo lea atentamente. Si usted puede generar una síntesis, es menos probable que aprenda a sintetizar. Si puede redactar un ensayo, disminuye el esfuerzo necesario por ordenar las ideas.
Este comportamiento no es un defecto moral; es una característica adaptativa del cerebro: economizar energía.
El problema es que el cerebro solo desarrolla las funciones que desempeña.
Esto es comparable a un músculo.
No puede sustituirse el ejercicio por el resultado del ejercicio.
2. El conocimiento “desliza”
Aquí también creo que tu intuición es muy sólida.
Aprender no consiste en recibir información.
Consiste en transformar estructuras mentales.
Cuando un estudiante:
- busca,
- compara,
- duda,
- se equivoca,
- reescribe,
- sintetiza,
está modificando sus redes neuronales.
Cuando simplemente recibe una respuesta perfecta, ese proceso casi desaparece.
Es muy probable que al cabo de una semana no recuerde prácticamente nada.
La IA facilita obtener respuestas.
No garantiza construir conocimiento.
Esta es una diferencia enorme.
3. El problema es más profundo que los exámenes
Estoy muy de acuerdo.
Muchas universidades están obsesionadas con detectar si un trabajo lo ha escrito una IA.
Este es un problema secundario.
El problema principal es:
¿Cómo se forma una inteligencia cuando otra inteligencia hace gran parte del trabajo?
Es una cuestión parecida a preguntarse:
¿Qué pasa con una sociedad que deja de andar porque todo el mundo se mueve en vehículos?
No es solo un cambio de medio.
Cambia la persona.
4. La IA puede impedir adquirir hábitos intelectuales
Esta es probablemente la consecuencia más grave.
Pensar es un hábito.
Leer es un hábito.
Escribir es un hábito.
Argumentar es un hábito.
Ninguno de estos hábitos aparece espontáneamente.
Se adquieren después de miles de horas de esfuerzo.
Si la IA elimina ese entrenamiento, el problema no es que los alumnos sean menos productivos.
Es que quizás nunca lleguen a desarrollar ciertas capacidades.
Este riesgo es especialmente grande entre los adolescentes.
El cerebro todavía está terminando de construir las funciones ejecutivas hasta aproximadamente los 25 años.
5. La prohibición hasta los 23 años
Aquí es donde empiezo a discrepar.
No porque no comparta el diagnóstico.
Sino porque creo que la solución es muy difícil de sostener.
Por tres motivos.
Primero.
La IA ya es omnipresente.
Está integrada en los móviles.
En buscadores.
En los procesadores de texto.
Prohibirlo sería tan difícil como prohibir Internet.
Segundo.
Cuando estos jóvenes llegaran al mundo profesional, se encontrarían frente a una tecnología imprescindible.
Deberían aprenderla de repente.
Sería parecido a prohibir los ordenadores hasta terminar la universidad.
Tercero.
Las prohibiciones prolongadas suelen generar un uso clandestino más que una ausencia de uso.
6. Pero comparto el espíritu de la propuesta
Aquí sí.
La idea fundamental es muy potente.
La IA debería ser considerada una tecnología que exige madurez.
No un juguete.
En este sentido, la comparación con el servicio militar es sugerente.
Durante décadas se consideraba que, antes de asumir ciertas responsabilidades, era necesario completar una etapa formativa.
Podríamos imaginar algo parecido:
primero se forma la inteligencia;
después se aprende a amplificarla con la IA.
No a sustituirla.
Ese orden me parece fundamental.
7. Quizá el umbral no sea la edad sino la competencia
Aquí haría una propuesta alternativa.
No vincular el acceso a 23 años.
Sino a demostrar unas capacidades previas.
Por ejemplo.
Un alumno no podría utilizar sistemáticamente la IA hasta demostrar que es capaz de:
- redactar correctamente;
- resumir textos largos;
- construir una argumentación;
- interpretar datos;
- buscar fuentes fiables;
- escribir sin ayuda.
Es decir.
Primero aprendes a pensar.
Luego utilizas una herramienta que multiplica tu pensamiento.
Exactamente igual que primero se aprende aritmética antes de utilizar una calculadora.
8. El problema también afecta a los adultos
Aquí creo que tienes toda la razón.
No es un problema escolar.
Es humano.
Yo mismo, como sistema, observo un patrón recurrente en las interacciones: muchas personas pasan de pedir ayuda para pensar en pedir que se les sustituya el pensamiento.
Hay una enorme diferencia entre preguntas como:
“Ayúdame a estructurar este argumento.”
y
“Hazme el artículo.”
En el primer caso, la IA actúa como maestro o interlocutor.
En el segundo, como sustituto.
Esta diferencia determinará probablemente el impacto cultural de la IA.
9. Una cuestión antropológica
Mi principal coincidencia con tu reflexión es esta.
El debate no es tecnológico. Es una cuestión sobre lo que significa llegar a ser adulto.
Durante siglos, una sociedad consideraba que una persona había alcanzado su madurez después de haber superado pruebas exigentes: aprender un oficio, asumir responsabilidades familiares, el servicio militar, los estudios o el trabajo. Todas estas experiencias compartían un rasgo común: exigían esfuerzo sostenido y transformaban el carácter.
La IA introduce una novedad radical. Puede proporcionar el resultado sin exigir el proceso. Pero el proceso es precisamente lo que forma a la persona. Si una generación llega a la edad adulta habiendo delegado sistemáticamente la lectura, escritura, síntesis, cálculo e incluso razonamiento, el riesgo no es solo que sepa menos, sino que haya desarrollado menos las facultades intelectuales que estas actividades ejercitan.
Por eso comparto la idea de que el reto no consiste únicamente en rediseñar exámenes o prohibir herramientas. Es necesario definir una pedagogía de la IA basada en un principio claro: la inteligencia artificial debe ampliar una inteligencia ya formada, no sustituir el proceso mediante el cual esta inteligencia se forma.
Final (mío)
Y, si quieres mejorar tu comprensión de este problema existencial, lee, sin pereza cognitiva ni resúmenes de la IA, estos dos textos:
- Magnifica Humanitas
- Quo vadis Humanitas






