ERC, los presupuestos y el arte catalán de marear la perdiz

El periplo de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) con los presupuestos de la Generalitat es una de esas operaciones políticas que, observadas con cierta distancia, despiertan más ironía que indignación. La indignación exige todavía un cierto grado de sorpresa, y en Catalunya hace tiempo que las sorpresas políticas escasean. Todo acaba encajando dentro de una mecánica conocida, casi administrativa, en la que las palabras sirven sobre todo para disimular los hechos.

Cuando ERC negó el apoyo a los presupuestos, en marzo, la representación se revistió de solemnidad. Había grandes discrepancias, condiciones inaceptables y exigencias de país. Parecía que el gobierno de Salvador Illa chocaba con un muro de firmeza republicana. Pero ahora resulta que las cuentas pueden aprobarse en mayo sin que haya cambiado nada sustancial. Ni una gran transferencia de poder, ni una rectificación política de fondos, ni una mejoría visible para el país. Nada.

Más bien lo contrario.

Porque, si algo ha ocurrido entre marzo y mayo, es el agravamiento de casi todos los problemas que afectan a Catalunya. La seguridad ciudadana sigue deteriorándose. La escuela catalana acumula evidentes signos de desorientación y decadencia. La protección de niños y adolescentes ofrece episodios tan escandalosos como el caso Noelia -13 años bajo tutela de la Generalitat- que, en un país normal, provocarían dimisiones inmediatas. Y Cercanías ha superado ya la categoría de desastre para entrar directamente en el terreno de la caricatura.

Es significativo que el transporte por autocar se haya convertido repentinamente en la nueva panacea de la movilidad pública catalana. Ay, la sostenibilidad. Incluso dirigentes poco inclinados a la exageración verbal, como el vicepresidente primero del AMB y alcalde de Cornellà, Antonio Balmón, defienden sin matices esa opción. Traducido a un lenguaje llano: el sistema ferroviario ha fracasado hasta tal punto que es necesario volver a la carretera como si ahora descubriésemos el autobús.

Y, mientras, ¿qué aporta ERC a cambio de su «sí» presupuestario?

Un nuevo trazado orbital ferroviario que algún día se va a construir. Ellos sí están en órbita. Es el mecanismo habitual del poder catalán contemporáneo: cuando el presente hace aguas, se arroja la liebre del futuro. Siempre existe una infraestructura pendiente, un gran acuerdo inminente o una transformación decisiva que todavía no llega, pero que está “a punto”. Hace treinta años que Cataluña vive instalada en este «a punto».

¿La nueva financiación? Ni en broma. No va a pasar. Y pasará otra legislatura sin que ocurra. ¿El traspaso integral del IRPF? Imposible. Los mismos obstáculos administrativos y corporativos que ya existían en tiempos de Pere Aragonès continúan intactos. La Agencia Tributaria de Cataluña no tiene ni la capacidad operativa ni la estructura humana necesarias para asumir su gestión total. Y esto se sabía perfectamente desde el primer día.

¿El aeropuerto de El Prat? Exactamente igual. Mucha retórica, muchas declaraciones, pero al final todo desemboca en alguna fórmula intermedia inspirada en modelos vascos que nadie acaba de entender y que probablemente no gestionará nada esencial.

El caso de Cercanías es paradigmático. El «traspaso» se presentó como una gran victoria nacional. ¿Y qué tenemos, en realidad? Una empresa mixta en la que Renfe y los maquinistas siguen teniendo la sartén por el mango, mientras la Generalitat aporta un presidente designado por ella y poco más. Una nueva estructura para administrar una dependencia antigua.

La cuestión consiste en marear la perdiz hasta hacer imposible distinguir entre poder real y propaganda administrativa. Porque cuando alguien señala que nada esencial ha cambiado, inmediatamente aparece un catálogo de consecuencias teóricas, protocolos, comisiones bilaterales, grupos de trabajo y acuerdos marco que existen sobre el papel, pero no alteran la realidad.

Sin embargo, hay una pregunta muy sencilla que lo aclara todo: ¿quién manda?

Y la respuesta sigue siendo exactamente la misma: Madrid.

Esquerra Republicana de Catalunya se ha convertido en el monaguillo del Partido Socialista de Cataluña y, por extensión, del Partido Socialista Obrero Español. Su papel es subalterno. Por eso ya apenas sorprende ver a un partido que aún se define como independentista sin que ninguna política concreta avale esta pretensión, mientras su portavoz en el Congreso aspira abiertamente a liderar “el espacio a la izquierda del PSOE”, expresión elegante para evitar decir “extrema izquierda española”, una calificación que, al parecer, solo es admisible cuando se aplica a la derecha.

En realidad, la política Illa-Junqueras es una reproducción disminuida del pujolismo. Pero existe una diferencia esencial: el pujolismo actuaba desde la plaza Sant Jaume intentando ampliar espacios propios de decisión.

El actual modelo funciona sobre todo en función de las necesidades coyunturales de la Moncloa. Catalunya ya no aparece como un sujeto político con proyecto propio, sino como una pieza auxiliar en el equilibrio parlamentario español.

Y mientras todo esto ocurre, la realidad económica catalana sigue deteriorándose con una discreción casi estadística. A principios de siglo, la relación entre renta y población de Cataluña respecto al conjunto de España era aproximadamente un 20% superior. En 2024, esta diferencia había descendido hasta el 14%.

Es un declive lento, continuado y persistente. Quizás precisamente por eso es más grave. Las sociedades no suelen desmoronarse de golpe. Normalmente se acostumbran gradualmente a vivir peor mientras sus dirigentes anuncian, de forma incesante, grandes futuros orbitales.

Cuando el presente fracasa, la política catalana siempre promete un futuro orbital. #ERC #PSC Compartir en X

Entrades relacionades

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.