La era nuclear tripolar: el reto que Europa todavía no quiere mirar

Hay cuestiones que definen una era y, sin embargo, ocurren casi desapercibidas en el debate público. El fin del tratado New START es uno de ellos. En Bruselas, Berlín, París, el tema ha recibido una atención intermitente, a menudo relegada a las páginas interiores. En los grandes medios europeos, la expiración formal del último acuerdo que limitaba los arsenales nucleares estratégicos de Estados Unidos y Rusia ha quedado eclipsada por guerras convencionales, crisis energéticas y ciclos electorales. Pero el control de armas nucleares no es una nota en el pie de página: es la arquitectura invisible que ha sostenido la seguridad transatlántica durante más de medio siglo. Es una cuestión existencial.

Durante la Guerra Fría, Washington y Moscú construyeron esta arquitectura con una paciencia casi tectónica. Los tratados Strategic Arms Limitation Talks (SALTO I y II), después el Intermediate-Range Nuclear Forces Treaty (INF), y finalmente el propio New START, establecieron límites cuantitativos, regímenes de inspección intrusivos y mecanismos de verificación diseñados para reducir la probabilidad de un error catastrófico. New START, firmado en 2010, limitaba cada parte a 1.550 cabezas nucleares desplegadas y 700 sistemas lanzadores desplegados, con inspecciones in situ e intercambios regulares de datos.

Este modelo bilateral funcionó porque reflejaba una realidad bipolar. Pero el mundo nuclear de 2026 ya no es el de 1991.

El fin de un modelo bilateral

Rusia suspendió la implementación de New START en 2023, después de años de tensiones sobre el cumplimiento y las inspecciones. En este sentido, Rusia no tiene buena nombrada con sus acuerdos: pocos parecen recordar el acuerdo de Budapest de 1994, mediante el cual Rusia se comprometió a respetar las fronteras de Ucrania a cambio de que Ucrania entregara las armas nucleares que poseía por ser miembro de la antigua URSS.

La expiración formal del tratado no creó el vacío; lo oficializó, porque el agujero ya estaba creado. Presentarlo como el inicio de una carrera armamentista ignora algo central: un acuerdo requiere al menos dos partes comprometidas. Washington se encontraba ante una elección incómoda: mantenerse unido unilateralmente a restricciones que Moscú ya no aplicaba, o reconocer que el marco había quedado obsoleto.

Sin embargo, el debate real no es solo sobre Rusia. Es sobre China.

Según estimaciones del Departamento de Defensa de Estados Unidos, Pekín ha pasado de tener aproximadamente 200–250 cabezas nucleares en 2020 a más de 600 en 2024, y podría superar los 1.000 antes de 2030. La construcción de cientos de nuevos silos de misiles balísticos intercontinentales en el desierto chino, junto a la modernización de su tríada nuclear (terrestre, marítima y aérea), apunta a una expansión rápida y, hasta hace poco, opaca.

Un régimen de control de armas que sólo limite a Washington y Moscú, mientras el tercer actor nuclear más importante acelera sin restricciones comparables, refleja una aritmética estratégica superada. Por primera vez en la historia moderna, Estados Unidos podría enfrentarse a dos potencias nucleares con arsenales comparables, coordinadas tácticamente en algunos ámbitos y alineadas diplomáticamente en otros.

La introducción explícita de la cuestión china

Es en este contexto, la administración estadounidense ha insistido en que cualquier futuro acuerdo debe incluir a China. Esta no es una matización técnica; es un giro estructural.

La propuesta presentada en Ginebra a principios de febrero articula tres principios:
  1. Multilateralidad obligada. El control de armas no puede ser exclusivamente bilateral. China, como potencia nuclear en expansión, debe asumir responsabilidades proporcionales a su peso estratégico.
  2. Cumplimiento verificable. No habrá concesiones que ignoren incumplimientos previos. Los mecanismos de verificación —inspecciones, notificaciones, intercambios de datos— no son accesorios diplomáticos; son el corazón del sistema.
  3. Negociación desde la fuerza. Washington mantendrá una disuasión nuclear robusta y modernizada mientras explora reducciones. El presupuesto de modernización nuclear estadounidense, estimado en más de 1,2 billones de dólares a lo largo de 30 años según la Oficina Presupuestaria del Congreso, refleja esta doble apuesta: disuasión y negociación.

Esta estrategia responde a una realidad incómoda: China ha rechazado tradicionalmente entrar en marcos de limitación que la sitúen en paridad formal con Estados Unidos y Rusia, argumentando que su arsenal sigue siendo inferior. Pero si las proyecciones actuales se cumplen, esa asimetría se reducirá drásticamente en menos de una década.

El riesgo de la indiferencia europea

Para Europa, la cuestión no es abstracta. Las capitales europeas dependen del paraguas nuclear estadounidense dentro de la OTAN. Si el equilibrio estratégico global se transforma en un triángulo inestable, las consecuencias se proyectarán directamente sobre el continente.

La paradoja es que, mientras Washington redefine el marco del control de armas para adaptarlo a una era tripolar, gran parte del debate europeo sigue anclado en categorías de la Guerra Fría. La política de seguridad europea discute autonomía estratégica y capacidades convencionales, pero raramente aborda con igual intensidad la arquitectura nuclear que sostiene el último nivel de disuasión.

La historia nos ofrece una lección clara: los acordes más difíciles suelen ser los más valiosos. Las negociaciones que condujeron a SALT y a New START requirieron años, incluso décadas. Incluir una tercera potencia con una cultura estratégica distinta, menos transparente y menos inclinada a la verificación intrusiva, multiplicará la complejidad.

Pero la complejidad no elimina la necesidad. Por el contrario, la hace más urgente.

Si el siglo XX fue la era del duopolio nuclear, el siglo XXI podría ser el de la competencia tripolar. Sin un marco que integre a China, cualquier acuerdo futuro corre el riesgo de ser un ejercicio de nostalgia diplomática. Con él, existe al menos la posibilidad de evitar que la aritmética nuclear del futuro se construya sin límites.

El debate que Europa trata todavía como una cuestión técnica es, en realidad, existencial.

El control de armas no puede ser ya bilateral. Sin China, cualquier nuevo pacto nuclear nace obsoleto Compartir en X

Consideres que és coherent que el portaveu a Madrid d'un partit independentista com ERC impulsi l'aliança de l'esquerra espanyola?

Mira els resultats

Cargando ... Cargando ...

Entrades relacionades

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.