Collboni y la eliminación de la memoria religiosa en Barcelona. Ahora toca mosén Cinto Verdaguer

Mosén Cinto Verdaguer, conocido como uno de los mayores poetas en lengua catalana y el más popular de todos ellos, fue despedido en 1902 en una de las mayores manifestaciones de masas que ha vivido Cataluña. Sin embargo, hoy en día, si se refieren a él como Jacint Verdaguer, muchos no lo asociarán al poeta, ya que no es la expresión popular con la que se le designa.

Sin embargo, los socialistas que gobiernan en Barcelona, ​​con Collboni a la cabeza, acompañados por Esquerra Republicana, Comuns y Junts, han decidido cambiar el nombre de unos conocidos jardines en el parque de Montjuïc dedicados a Verdaguer, de su denominación habitual a otra menos conocida, Jacint Verdaguer. En definitiva, lo han despojado de su condición sacerdotal, una característica central del personaje.

Barcelona parece no poder tener en su nomenclátor referencia alguna que incluya alguna dimensión religiosa, ni siquiera en el caso de mosén Cinto Verdaguer. No es la primera vez que ocurre. Tres calles del barrio de  Gràcia, que llevaban el nombre de tres santas de largo recorrido histórico (Santa Ágata, Santa Magdalena y Santa Rosa), fueron cambiadas también por iniciativa de Collboni por tres mujeres del barrio que llevaban el mismo nombre. La tradición y costumbre de los barceloneses no importaban; se trataba de cancelar la memoria religiosa de la ciudad.

Si la misma atención que dirige a estas cuestiones la destinara a liderar una respuesta ciudadana al problema de Cercanías de Renfe, sobre el que guarda un religioso silencio, impropio del defensor de los intereses de Barcelona, ​​todo iría mucho mejor.

Collboni también es el primer alcalde que suprime con gran polémica el pesebre municipal habitual en la plaza de Sant Jaume, como sucedió en las pasadas Navidades. Ni siquiera Ada Colau se atrevió a eliminarlo; impulsó diseños extraños para que nadie lo asociara a la tradición, pero el pesebre se mantuvo. Collboni lo retiró, provocando una fuerte reacción ciudadana que dio lugar a una colocación popular de belenes en la plaza por iniciativa de los propios habitantes de Barcelona.

De los alcaldes que ha tenido Barcelona, ​​la mayoría de izquierdas y del Partido Socialista,  Collboni destaca por su celo a la hora de excluir de la memoria de la ciudad toda referencia cristiana.

Sorprende el silencio de la diócesis afectada, que recibe, nada menos, que por parte de un cardenal con la confianza y el acceso frecuente al Papa Francisco. Si las principales autoridades eclesiásticas no tienen nada que decir ante esta “limpieza” de denominaciones y costumbres cristianas de la ciudad, Collboni puede seguir con esta tarea hasta que no quede el menor signo de lo que son fundamentos de nuestra historia, cultura y tradición.

Mientras, el caos urbano de la ciudad crece y se multiplica hasta límites nunca alcanzados. A pesar de ser una ciudad con buen diseño urbano y registrar un menor uso de desplazamientos en vehículo privado en relación con el conjunto de la movilidad, Barcelona presenta más problemas para circular. Con Colau y sus ejes verdes, la situación empeoró, pero con Collboni, que además mantiene los ejes verdes declarados ilegales por la justicia, todo ha ido a peor.

Todo esto es amenizado por un gobierno que solo dispone de 10 concejales sobre un total de 41. Con esta pírrica minoría de gobierno, hace y deshace a su antojo, sobre todo lo segundo.

Si se refieren a él como Jacint Verdaguer, muchos no lo asociarán al poeta, ya que no es la expresión popular con la que se le designa, que es mosén Cinto Verdaguer Compartir en X

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