Elecciones de medio mandato en Estados Unidos: la suerte está echada

El mañana martes 3 de noviembre, como establece la legislación estadounidense, se celebrarán las elecciones de medio mandato. Se renueva la totalidad de los 435 escaños de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado: 35 escaños en esta ocasión, incluidas dos elecciones especiales.

Existe una ley casi escrita en la política norteamericana: el partido del presidente recibe un varapalo en estas elecciones. En 20 de las últimas 22 ocasiones ha perdido escaños en la Cámara de Representantes. Les sucedió a Clinton, a Obama y al propio Trump durante su primer mandato. Por tanto, una derrota republicana no constituiría, por sí misma, ninguna anomalía histórica ni una descalificación excepcional del trumpismo.

Pero lo que está en juego no es solamente perder escaños. Es perder el control del Congreso y, sobre todo, de sus dos cámaras.

Las encuestas anuncian una derrota republicana

Las últimas previsiones resultan claramente favorables a los demócratas.

El promedio de RealClearPolling les concede el 51,5 % de las preferencias electorales, frente al 43,1 % republicano: una ventaja de 8,4 puntos. El estudio del Pew Research Center del 8 de octubre dibuja un escenario todavía más expresivo: solo el 30 % de los estadounidenses aprueba la gestión de Trump y el 68 % la desaprueba.

Además, el 44 % de los electores interpreta su voto como una manifestación contra el presidente, frente a un 19 % que lo considera favorable a él. Entre los votantes de cada partido, el 63 % de los demócratas declara estar extremadamente motivado para votar, frente al 46 % de los republicanos.

No es una diferencia menor. Las elecciones de medio mandato dependen especialmente de la movilización electoral.

Las causas de este clima desfavorable son conocidas: el coste de la vida, el encarecimiento de la energía, los efectos de los aranceles y el desgaste provocado por la guerra de Irán. Trump conserva una base fiel, pero una parte importante de los electores que le dieron la victoria en 2024 parece haberle vuelto la espalda.

La Cámara de Representantes: los demócratas, favoritos

La mayoría absoluta requiere 218 escaños. La ventaja republicana es tan estrecha que basta un pequeño desplazamiento electoral para invertirla.

Las previsiones coinciden en señalar la victoria demócrata, aunque difieren sobre su amplitud. Decision Desk HQ le asigna un 83 % de probabilidades y proyecta 241 escaños demócratas. Una estimación más prudente del Wall Street Journal sitúa el resultado en 224.

¿Dónde pueden producirse los cambios?

Los demócratas tienen buenas oportunidades de arrebatar distritos republicanos en Nueva York —especialmente el 17, ocupado por Mike Lawler—, Colorado —distrito 8—, Iowa —distrito 1—, Ohio —distrito 7— y Montana —distrito 1—. Pensilvania también presenta contiendas competitivas.

Sin embargo, los republicanos pueden compensar parte de estas pérdidas en Maine, Texas, Florida, Carolina del Norte y Washington, aprovechando determinados distritos vulnerables y las nuevas delimitaciones electorales.

El diagnóstico es claro: la recuperación demócrata de la Cámara resulta probable, aunque una victoria aplastante no está garantizada.

El Senado: la batalla decisiva

Aquí se juega la verdadera dimensión de una eventual derrota de Trump.

Actualmente, los republicanos disponen de 53 senadores, frente a los 47 del bloque demócrata, incluidos dos independientes. Para conquistar la mayoría, los demócratas necesitan una ganancia neta de cuatro escaños. Con un empate a 50, el vicepresidente JD Vance daría el control a los republicanos.

Carolina del Norte es la oportunidad demócrata más sólida, con el exgobernador Roy Cooper. Maine ofrece otra posibilidad importante frente a la republicana Susan Collins.

Pero las sorpresas pueden proceder de otros territorios: en Ohio, el demócrata Sherrod Brown disputa el escaño a Jon Husted; en Alaska, Mary Peltola amenaza a Dan Sullivan; en Texas, James Talarico compite con Ken Paxton. También Iowa y Kansas, tradicionalmente republicanos, presentan contiendas muy ajustadas.

Los demócratas deben, además, proteger sus propios escaños en Michigan y Georgia. Una pérdida en cualquiera de ellos elevaría la cifra de conquistas republicanas necesarias.

El Cook Political Report considera a los demócratas ligeros favoritos para controlar el Senado. Decision Desk HQ eleva su probabilidad al 63 %, con una proyección de 52 escaños.

No significa que el resultado esté decidido. Son estados con importantes antecedentes electorales republicanos, y errores de pocos puntos en las encuestas podrían cambiar la mayoría.

Tres resultados, tres consecuencias diferentes

Un primer escenario sería que los republicanos perdieran escaños, pero conservaran ambas cámaras. Sería un resultado excelente para Trump dadas las circunstancias.

El segundo, probablemente menos favorable para él y bastante plausible, consistiría en perder la Cámara de Representantes y conservar el Senado. Trump debería negociar la legislación, los presupuestos y el gasto federal con una mayoría demócrata, que, además, podría intensificar las investigaciones parlamentarias.

El tercer escenario sería perder ambas cámaras. Esto sí constituiría un golpe político de gran magnitud, que dificultaría su agenda legislativa y las confirmaciones de altos cargos y jueces. No significaría, sin embargo, la desaparición de sus poderes ejecutivos.

Trump, el pato cojo y la sucesión republicana

Trump entrará, en cualquier caso, en los dos últimos años de su presidencia. La Constitución le impide presentarse a una tercera elección, pero una derrota parlamentaria reforzaría extraordinariamente su condición de lame duck, el pato cojo de la política estadounidense.

El poder comenzaría a desplazarse hacia quienes aspiran a sucederle.

Dos nombres sobresalen: el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio. El primero encabeza las preferencias republicanas para 2028, con alrededor del 39 %, frente al 24 % de Rubio.

Ambos deberán resolver una dificultad considerable: mantener su fidelidad a Trump, cuyas represalias políticas son bien conocidas, y, simultáneamente, adquirir suficiente personalidad propia para representar el futuro del Partido Republicano.

Vance tiene la ventaja de ser el heredero más identificado con el movimiento MAGA. Rubio puede ofrecer una imagen de mayor experiencia institucional e internacional.

La intensidad de la derrota determinará hasta qué punto necesitarán distanciarse del presidente.

La suerte está echada. Pero conviene no confundir el significado de las urnas: perder escaños sería normal; perder la Cámara, un revés serio; perder también el Senado, el comienzo de una nueva etapa política.

Y, en los tres casos, la sucesión de Donald Trump empezará a adquirir vida propia.

Trump se enfrenta a las urnas. Perder escaños sería normal. Perder ambas cámaras del Congreso, un golpe político de mucha mayor magnitud. Compartir en X

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