Las paradojas de la política tienen a veces cierta elegancia. Mientras en Madrid el nombre de Salvador Illa sigue circulando en las especulaciones sobre el futuro del socialismo español, en Cataluña una encuesta de Ipsos para La Vanguardia le pone sobre la mesa una realidad bastante menos confortable: el PSC caería de los 42 diputados actuales a 30 y empataría en escaños con Aliança Catalana, que pasaría de dos diputados a treinta.
No es una oscilación electoral. Es, si la encuesta señala una tendencia real, un cambio de sistema.
El sondeo, realizado entre el 23 de septiembre y el 1 de octubre sobre 2.000 entrevistas, achaca al PSC el 21,7% de los votos y 30 diputados; a Aliança Catalana, el 17,9% y también 30; ERC alcanzaría los 23; Vox, los 18; Junts caería hasta los 16; el PP, a los 11; los Comunes, a cuatro, y la CUP, a tres.
La primera noticia, por tanto, no es solo el espectacular salto de Aliança, que ganaría 28 escaños, ni el crecimiento de Vox, que sumaría siete. Es que desaparece la mayoría política sobre la que se ha construido la actual legislatura.
PSC, ERC y Comuns tienen hoy 68 diputados, justo la mayoría absoluta. La encuesta les deja 57. Incluso añadiendo la CUP, toda la izquierda alcanzaría solo los 60. El Govern Illa perdería, pues, no solo diputados, sino el mecanismo parlamentario que lo hace posible.
Aquí comienza lo más interesante.
Porque, sobre el papel, hay otra mayoría: Aliança, Vox, Junts y PP sumarían 75 diputados. Magnífica cifra, de no ser por el pequeño inconveniente de que estos cuatro partidos discrepan profundamente sobre una cuestión tan «secundaria» como la nación a la que pertenecen.
Es una mayoría aritmética que difícilmente se convierte en mayoría política. Exactamente igual ocurre con el independentismo: ERC, Junts, Aliança y CUP sumarían 72 diputados, pero imaginarlos gobernando juntos exige una creatividad que ya no es política, sino literatura fantástica.
El Parlamento resultante tendría, por tanto, una peculiaridad bien catalana: sobrarían mayorías numéricas y faltaría una mayoría para gobernar.
La única combinación que Ipsos sitúa por encima de los 68 diputados con alguna apariencia parlamentaria sería PSC, ERC y Junts: 69. Pero después de una caída de Junts de 35 a 16 escaños, pensar que el partido aceptaría convertirse en tercera muleta de un gobierno presidido por el PSC, dejando a Aliança como dueña y principal fuerza de la oposición, requeriría, como mínimo, una notable vocación franciscana.
El problema de Illa no es solo electoral
El segundo gran dato es el deterioro del presidente.
Solo un 36% aprueba a Salvador Illa, nueve puntos menos que hace un año. La valoración positiva de la gestión del Gobierno cae también nueve puntos, hasta el punto de que solo el 49% de los propios votantes socialistas la juzgan favorablemente. Y el PSC conservaría solo el 62% de quienes le votaron en el 2024. Uno de cada diez antiguos votantes socialistas podría ir ahora a Aliança.
Esto resulta especialmente significativo porque Illa llegó al poder bajo una promesa muy concreta: normalidad, estabilidad y gestión. No grandes epopeyas. Precisamente por eso, si la normalidad da lugar a un Parlamento más fragmentado que antes, algo no acaba de cuadrar.
Solo el 20% de los catalanes considera que Cataluña va en buena dirección, mientras que el 50% dice que va por mal camino. El 43% califica negativamente la gestión del Govern y el 45% valora mal la situación económica.
Vivienda e inmigración: las dos grietas
La vivienda es el primer problema de Cataluña, citado por el 32% de los encuestados. Pero inmediatamente después aparece la inmigración, con un 20%, ya por delante de la política, la economía o la seguridad.
Y aquí la encuesta publicada este lunes añade un dato políticamente explosivo: el 75% de los catalanes considera que hay muchos o demasiado inmigrantes.
Cerca del 80% ve un impacto negativo de la inmigración sobre la vivienda, el 74% sobre la seguridad y casi el 70% sobre los servicios públicos. Incluso un 54% de los votantes socialistas suspende la gestión del Gobierno de la crisis de Ceuta.
Esta cuestión ya no pertenece, pues, a un segmento marginal del electorado. Ha atravesado las fronteras partidistas. Y ayuda a explicar por qué Aliança puede captar votantes de Junts, pero también de ERC y del propio PSC. Ipsos calcula que Aliança conservaría el 86% de su voto del 2024 y atraería a cerca de un 30% de los antiguos votantes de Junts, un 12% de los de ERC y en torno a un 8%-10% de los socialistas.
Una encuesta no es una elección y todavía faltan muchos meses para que los catalanes vuelvan a votar. Pero las encuestas sirven para detectar movimientos antes de que las urnas los conviertan en hechos.
Y esta detecta algo más serio que una subida o una bajada de partidos: el mapa político catalán que permitió investir a Salvador Illa ha dejado, al menos provisionalmente, de existir.
El viejo tablero sigue sobre la mesa. El problema es que las piezas juegan ya otra partida.
Cataluña entra en un escenario nuevo: hay mayorías aritméticas, pero casi ninguna mayoría política viable. #Catalunya #Parlament Compartir en X





