De la agresión territorial al desastre humanitario: la deserción del Estado en Ceuta

La crisis de Ceuta comenzó como una agresión a la integridad territorial de España. Así lo definió el presidente Sánchez. Pronto se convirtió en una crisis migratoria de grandes proporciones. Ahora ha culminado su transformación: ya es una catástrofe humanitaria provocada por la falta de previsión y la incapacidad de gestión del Gobierno español.

Es una catástrofe para la mayor parte de la población de Ceuta. Su vida se ha visto gravemente alterada. Las calles, los servicios públicos, la asistencia sanitaria y la seguridad han quedado sometidos a una presión que una ciudad de 80.000 habitantes no puede soportar por sí sola.

También es una catástrofe para quienes han entrado en la ciudad.

Lo es para los menores que emigraron y que ahora viven en condiciones deplorables. Les falta atención sanitaria, alimentación digna y seguridad personal. Lo es para los inmigrantes adultos y, sobre todo, para los subsaharianos. Difícilmente podrán ser devueltos a Marruecos. Muchos viven sin higiene, sin suficiente comida, sin agua e incluso sin un lugar donde satisfacer las necesidades más elementales.

El Gobierno español ha dejado pasar los días. No ha actuado. Ha ofrecido palabras, que son el refugio habitual de los incapaces. La crisis comenzó el 30 de julio. No fue hasta el 17 de agosto cuando anunció medidas para habilitar 1.500 plazas. Son solo una fracción del número real de personas que necesitan alojamiento, alimentos y asistencia.

Mientras tanto, el presidente del Gobierno ha desaparecido. Está de vacaciones.

Los militares, los guardias civiles y los policías nacionales han visto canceladas o restringidas sus vacaciones. Son profesionales. Tienen un deber. Cobran por cumplirlo. Pero el primer servidor del Estado, el hombre que ocupa el cargo de mayor responsabilidad y disfruta de unas condiciones de vida incomparables con las de todos ellos, no ha reducido ni un solo día su descanso en una magnífica residencia de titularidad estatal.

Es un hecho literalmente escandaloso.

En un país con unas mínimas exigencias morales y profesionales, un gobernante que actuara así ya habría sido expulsado del cargo, pese a todas las resistencias que pudiera oponer.

Pero aún hay más.

Como la crisis humanitaria es evidente, pasan los días y nada se resuelve; el Gobierno español ha buscado una excusa. Ha intentado cargar la responsabilidad sobre la Ciudad Autónoma de Ceuta. Dice que tiene competencias en sanidad, en protección de menores y en otros ámbitos, y que no las ejerce o no lo hace suficientemente bien.

Lo que no dice el Gobierno, ni tampoco quienes critican interesadamente al Ejecutivo autonómico, es algo muy sencillo: estas competencias están dimensionadas y financiadas de acuerdo con la población habitual de Ceuta.

Y lo que ha caído sobre Ceuta no es una variación estadística. Es una avalancha.

Durante dos o tres días, la población que necesitaba atención creció de manera brutal. Después, durante semanas, la ciudad ha tenido que asumir de golpe un volumen de personas necesitadas equivalente, aproximadamente, al diez por ciento de su población.

Ninguna autonomía puede afrontar por sí sola una situación así. Menos aún una ciudad de 80.000 habitantes. No tiene los recursos materiales. Tampoco tiene capacidad financiera para improvisarlos.

Por eso existe el Estado.

El Estado sí dispone de los medios necesarios. Pero su Gobierno ha desertado. Lo ha hecho, en parte, porque estamos en agosto. Pero también por otras razones más difíciles de explicar. Razones relacionadas con la extraña actitud del Gobierno de Sánchez ante el Reino de Marruecos.

Sobre esta relación planea una sombra que Pedro Sánchez difícilmente podrá quitarse nunca de encima: el enigma del posible espionaje de sus teléfonos y de los de otros ministros por parte de los servicios de inteligencia marroquíes.

No sabemos qué ocurrió. No sabemos qué obtuvieron. No sabemos qué conocen. Pero sí podemos ver las consecuencias políticas de una debilidad que nunca ha sido explicada.

Sea como sea, Europa y España no pueden seguir mirando hacia otro lado. Ninguna conciencia humanitaria puede hacerlo. Ceuta vive una crisis inmensa. La sufren sus habitantes, los menores desamparados y los inmigrantes abandonados a su suerte.

Cuando esta crisis termine, si es que termina, dejará una herida profunda. Y tardará mucho tiempo en cerrarse.

Militares, guardias civiles y policías han visto restringidas sus vacaciones. El presidente del Gobierno, no. El primer servidor del Estado sigue descansando mientras Ceuta vive una emergencia. Es escandaloso. #PedroSánchez #Ceuta Compartir en X

Entrades relacionades

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.