Miguel Hernández Gilabert, emblemático poeta y dramaturgo, autodidacta, de la Generación del 36 para unos y para otros de la del 27, nació en Orihuela el 30 de octubre de 1910.
Su familia se dedicaba a la cría de ganado caprino y Miguel ejerció como pastor de cabras desde muy temprana edad. Entre 1918 y 1923 recibió educación primaria, otorgándosele una beca para estudiar el bachillerato. Sin embargo, la rechazó a petición de su padre para que pudiera dedicarse en exclusiva al pastoreo.
En este ambiente, leía con avidez y empezaría a escribir sus primeros poemas. Contó con la protección del canónigo de la localidad, quien puso a su disposición diferentes obras literarias y le relacionó con otros jóvenes de la tahona de Carlos Fenoll, entre los cuales estaba José María Gutiérrez, un ensayista que posteriormente adoptaría el seudónimo de “Ramón Sijé” y que, desde el primer momento, entabló gran amistad. Le dedicaría más adelante su célebre Elegía (1936).
Consiguió comprar una máquina de escribir portátil, pues era el vicario quien pasaba en limpio sus versos. A partir de entonces, subía cada mañana al monte con el hatillo al hombro y la máquina de escribir para componer poemas hasta las últimas horas de la tarde.
En marzo de 1931, con veinte años, obtiene el primer y único premio literario de su vida, concedido por la Sociedad Artística del Orfeón Ilicitano. Había presentado un poema de ciento treinta y ocho versos que llamó Canto a Valencia.
Con este referente se trasladó a Madrid y, al amparo de las revistas La Gaceta Literaria y Estampa, intentó buscar trabajo, pero no lo consiguió y regresó a Orihuela.
Esta estancia le proporcionaría, de todos modos, la experiencia suficiente para escribir su primer libro, Perito en lunas (1933). Fue un prometedor comienzo que le permitió volver de nuevo a Madrid.
Con más suerte, consiguió ser nombrado colaborador en las Misiones Pedagógicas y José María de Cossío, que se convertiría en su defensor en todo momento, le escogió como secretario y redactor de la enciclopedia Los Toros.
Publicó en la Revista de Occidente y dedica a su novia, Josefina Manresa, hija de un guardia civil asesinado durante la guerra, El rayo que no cesa.
Se relaciona con Vicente Aleixandre, entablando buena amistad, y también con Pablo Neruda. En estos días, muere su amigo de toda la vida, Ramón Sijé, y publica, como se ha dicho, Elegía, que despierta gran entusiasmo por parte de Juan Ramón Jiménez en una crónica publicada en El Sol.
Ya en plena contienda, Hernández se alista en el bando republicano y se afilia al Partido Comunista de España. A partir de 1937 es comisario político militar, pasando por diferentes unidades en los frentes de batalla de Teruel, Andalucía y Extremadura.
Contrae matrimonio civil con Josefina en marzo de 1937 (lo hará eclesiásticamente poco antes de morir para protegerla jurídicamente).
Desempeña un papel destacado en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura y viaja a la URSS, inspirándole tres poemas: España en ausencia, Rusia y La fábrica-ciudad.
A su regreso escribe el drama Pastor de la Muerte y numerosos poemas recogidos más tarde en El hombre acecha (libro este que se imprimiría en Valencia en abril de 1939 y fue depurado por una comisión franquista que ordenó la destrucción completa, salvándose, empero, dos ejemplares que permitirían su reedición en 1981).
Acabada la guerra, Cossío le ofrece acogimiento. La rechaza y se instala en su pueblo natal, pero ante inminentes riesgos decide ir a Sevilla pasando por Córdoba con la intención de cruzar la frontera de Portugal.
Al querer vender un reloj de oro que le había regalado Aleixandre para costearse el viaje a América, es delatado por el joyero y la policía del dictador Salazar lo arresta y lo entrega al Cuerpo de Inspección y Vigilancia.
A principios de mayo se le traslada a la prisión provincial de Huelva. Su mujer le envía una carta anunciándole que vivían solo de pan y cebolla. El poeta compone al respecto su celebrada Nanas de la cebolla.
Durante la estancia en esta cárcel de Huelva, fue sacado varias veces de la misma por grupos de falangistas que lo golpeaban brutalmente, en el entendimiento de que había participado en el fusilamiento de José Antonio.
De Huelva pasa a Sevilla y luego a Madrid, donde, gracias a las gestiones de Pablo Neruda y Cossío, sale en libertad sin ser procesado.
De nuevo en Orihuela, es delatado y detenido. Ingresa otra vez en la prisión de Madrid, en la que convive con Buero Vallejo, el cual, como ya se indicó, realiza el famoso retrato a lápiz que sería icono durante la dictadura.
Es juzgado y condenado a muerte en marzo de 1940. No obstante, gracias de nuevo a la intervención de Cossío, de otros intelectuales (entre los cuales estaba Rafael Sánchez Mazas) y del vicario de Orihuela (que en 1944 sería obispo de León), se le conmuta la pena de muerte por treinta años de prisión.
Ingresa en la prisión de Palencia, luego en la de Yeserías y finalmente en el penal de Ocaña (Toledo). Enferma gravemente y es trasladado al reformatorio de adultos de Alicante.
Se le realizan intervenciones que mejoran transitoriamente su salud, pero el permiso de traslado al hospital antituberculoso de Valencia llega, desgraciadamente, demasiado tarde.
Fallece a la edad de treinta y un años, el día 28 de marzo de 1942. Fue enterrado en el cementerio de Nuestra Señora del Remedio de Alicante.
Póstumamente, ya en democracia, recibió diferentes reconocimientos y homenajes, siendo de destacar que la letra de su poema Aceituneros, también conocido como Andaluces de Jaén, se adopta para el Himno Oficial de la provincia de Jaén.
Fue pastor, poeta, dramaturgo y hombre comprometido con su tiempo. Miguel Hernández murió con solo 31 años, pero dejó versos que siguen vivos. Compartir en X





