La celebración de los 50 años de La Unió, la asociación empresarial que agrupa a parte de la diversidad de proveedores del sistema, representa una oportunidad para analizar las claves que hacen del sistema sanitario catalán un modelo de éxito.
El sistema de salud de Cataluña no es una estructura uniforme gestionada desde un único centro de mando. Su naturaleza es la de un sistema integrado donde conviven diversas formas de gestión bajo una financiación pública. Esta arquitectura, que a menudo cuesta entender fuera de Cataluña, es el resultado de un pacto histórico entre la sociedad civil y la Administración que ha permitido mantener el arraigo territorial y la excelencia asistencial.
El origen: una tradición ordenada por la ley
La arquitectura de este modelo bebe de una tradición centenaria de compromiso civil -con hospitales municipales, fundaciones y órdenes religiosas- que ya cuidaban a la población mucho antes de la recuperación del autogobierno. Tras las transferencias de competencias de 1981 y de la creación de la Red de Hospitales de Utilidad Pública (XHUP) en 1986, su consolidación definitiva llegó con la Ley de Ordenación Sanitaria de Cataluña (LOSC) de 1990.
Bajo el mandato de Xavier Trias en la Conselleria, la ley formalizó el modelo catalán moderno: la Administración pasaba a ser la garante y planificadora del sistema (CatSalut), pero no la única proveedora. La reforma permitió que toda esa diversidad histórica de centros se integrara en una red única, el SISCAT, manteniendo su autonomía de gestión. Dentro de este esquema, el Instituto Catalán de la Salud (ICS) se mantiene como la gran empresa pública de gestión directa por parte de la administración con la gestión de 8 hospitales y la mayoría de los centros de atención primaria del país.
Un modelo poliédrico: varios modelos para un propósito único
La colaboración con el sector concertado permite desarrollar toda la versatilidad del sistema. Un ejemplo paradigmático es el Hospital Clínic de Barcelona. Constituido como un consorcio público, este centro es el reflejo de cómo la autonomía de gestión permite combinar la asistencia pública de máximo nivel con una investigación e innovación de ámbito internacional (IDIBAPS).
En el ámbito de la especialización pediátrica, el Hospital de Sant Joan de Déu ilustra el papel fundamental de las órdenes religiosas integradas en el sistema. Pese a su titularidad, el centro opera dentro de la red pública y ha logrado convertirse en un referente mundial en oncología infantil. Su naturaleza de entidad sin ánimo de lucro hace que todos los recursos generados se reinviertan en la mejora de la atención y en la humanización de los espacios, un hito difícil de alcanzar bajo una gestión pública directa más rígida.
Esta pluralidad llega también a las comarcas a través de fundaciones y consorcios que mantienen vivo el vínculo con el territorio. El Hospital de Olot y Comarcal de la Garrotxa es un claro ejemplo de esta realidad; constituido como una Fundación, su patronato lo forman el Ayuntamiento de Olot, el Consejo Comarcal de la Garrotxa y cuatro patrones en representación del tejido económico y social de la comarca (de los cuales, al menos dos provienen de entidades sociales de la Garrotxa). Esta estructura garantiza que el centro responda directamente a las necesidades de su ciudadanía, sintiendo el hospital como una institución propia.
Esta misma filosofía de proximidad y experiencia se traslada a la atención primaria a través de las EBA (Entidades de Base Asociativa). En este caso, la gestión no recae en instituciones, sino en los propios médicos y enfermeras del centro, constituidos en cooperativa profesional. Este modelo de autogestión permite que los profesionales que están a pie de calle tengan la capacidad de decidir cómo se utilizan los recursos públicos.
Una situación similar encontramos en el campo de la Salud Mental, donde instituciones con una larga tradición, como el Parque Sanitario Sant Joan de Déu o el Instituto Pere Mata, han aportado un conocimiento histórico que la Administración ha sabido aprovechar para ofrecer una red de soporte psiquiátrico de primer nivel.
El éxito de este sistema es que garantiza el acceso a todo tipo de hospitales y centros a cualquier ciudadano, independientemente de su renta. El mecanismo demuestra que lo que realmente importa no es quien gestiona el centro, sino que el servicio sea de acceso universal y esté comprometido con el bien común.
Esta evidencia invita a trasladar la reflexión a otros campos como la educación , donde la discusión sobre la titularidad de los centros nos impide ver que la diversidad de proveedores —si están bien regulados y financiados— es una fuente de riqueza y equidad para el país.
Cataluña ha demostrado que la gestión plural no es el paso previo a la privatización, sino la mejor herramienta para mantener un servicio público eficiente, arraigado y de calidad. Proteger esta autonomía de gestión es, en última instancia, proteger la capacidad de la sociedad catalana para cuidarse a sí misma desde su proximidad.
Cataluña ha demostrado que la gestión plural no es el paso previo a la privatización, sino la mejor herramienta para mantener un servicio público eficiente, arraigado y de calidad. Compartir en X





