¿Por qué parece que la Unión Europea es incapaz de dibujar su propio destino? La pregunta no es nueva, pero la respuesta es cada vez más inquietante. Más allá de los tópicos vacíos que miran al futuro con los ojos clavados en el retrovisor, el Viejo Continente se ha instalado en un sonambulismo estratégico mientras el mundo a su alrededor se fragmenta con una violencia inédita.

La “Guerra Civil” de Occidente

El historiador y exministro de asuntos exteriores de Israel, Shlomo Ben-Ami, pone el dedo en la llaga: estamos inmersos en una “guerra civil de Occidente”. No se trata de un conflicto de trincheras, sino de una fractura moral y política que nos divide desde dentro. La gran disonancia es la pérdida de legitimidad: Europa invoca un orden basado en normas mientras tolera políticas de castigo colectivo en Gaza que erosionan esos mismos valores. Esta hipocresía ha creado un abismo generacional y cultural; el Sur Global ya no nos ve como un referente moral, sino como un blog que aplica los derechos humanos de forma selectiva.

El pulso de Meloni: Valores contra burocracia

Esta crisis de legitimidad se solapa con una confrontación interna sobre la propia identidad de la sociedad. Giorgia Meloni ha sabido sintetizar ese malestar con un lenguaje político directo e implacable: un choque entre el Sí y el No. Es la familia natural contra los lobbies LGBT, la identidad sexual contra la ideología de género y las raíces de la cruz contra la violencia islamista. En definitiva, es la revuelta del pueblo contra los “burócratas de Bruselas” que han intentado hacer tabla rasa de la cultura europea tradicional.

Una colonia tecnológica

Mientras nos consumimos en debates identitarios, la realidad material nos recuerda  nuestra debilidad. Europa habla de paz, pero alimenta la beligerancia con Rusia, aunque sus ejércitos dependen totalmente de la tecnología estadounidense. La paradoja es total: buscamos una independencia política que es imposible sin una soberanía digital que hemos regalado.

Hoy, el 70% del mercado de la nube en Europa está en manos de gigantes estadounidenses como AWS, Microsoft y Google. Los datos de nuestros ciudadanos y las infraestructuras críticas de nuestros gobiernos viven en servidores sujetos a leyes de terceros países. Europa no es un actor soberano; es una plataforma gestionada desde el exterior.

El vacío de liderazgo

El problema de fondo es la renuncia al propio criterio. Las élites europeas han sustituido el pensamiento crítico por un cómodo mimetismo de las consignas del establishment progresista estadounidense. El método es simple: reproducir lo que dicen New York Times o The Economist y convertirlo en doctrina oficial de la Comisión Europea.

Este vacío intelectual nos ha llevado a un callejón sin salida:

  • Sumisión militar y política de Washington.
  • Supeditación económica a China que avanza sin frenos.
  • Pérdida del interés nacional en favor de relatos importados.

La realidad es que Europa ha olvidado a sus fundadores para abrazar una visión despejada de raíces. Nos dirigimos hacia un destino desconocido, guiados por dirigentes que, por no asumir su propio fracaso, prefieren seguir emitiendo proclamas vacías de sentido.

El Sur Global ya no nos ve como un referente moral, sino como un blog que aplica los derechos humanos de forma selectiva. Compartir en X

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