Generalitat de Catalunya, un gobierno subalterno. Algunas claves de la última encuesta del CEO

El último barómetro del CEO (Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat), el primero de este año 2025, ha tenido una amplia difusión en los medios de comunicación, especialmente en lo que se refiere a sus predicciones electorales 
El último barómetro del CEO (Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat), el primero de este año 2025, ha tenido una amplia difusión en los medios de comunicación, especialmente en lo que se refiere a sus predicciones electorales.

Sin embargo, por otra parte, han pasado por alto algunos elementos clave en la interpretación de cuál es la realidad de este momento político.

Algunas claves de la última encuesta del CEO

En las preferencias por ser presidente de la Generalitat, Salvador Illa no es la primera opción como han establecido varios medios de comunicación, sino la tercera, porque la primera preferencia, y es muy significativa, con el 27% de las opiniones, es “nadie”; en otras palabras, más de 1/4 de los electores consideran que, de los candidatos conocidos y entre ellos el propio presidente actual de la Generalitat, ninguno merece su preferencia.

La segunda opción es el «no sabe, no contesta», con un 23%. También en este caso, cerca de 1 de cada cuatro catalanes no sabría quién elegir, lo que significa que o bien no tiene conocimiento de los que existen, entre ellos el propio presidente de la Generalitat, o no tiene un criterio definido para elegirlo.

Con el 22% de las preferencias aparece Salvador Illa, lo que significa que tenemos un presidente que solo es visto como tal por algo más de 1 de cada 5 catalanes. Esto demuestra que se trata de una presidencia muy débil, con escaso reconocimiento.

 

Con estas cifras, en un sistema democrático no se podría gobernar y deberían forjarse alianzas para conseguir un asentimiento más amplio

Con estas cifras, en un sistema democrático no se podría gobernar y deberían forjarse alianzas para conseguir un asentimiento más amplio, pero no es así y gobierna 41 diputados sobre un total de 135; es decir, gobierna con algo más del 30% de los escaños, ni siquiera llega a la tercera parte, lo que constituye otra debilidad democrática que no existe en ningún otro lugar de Europa.

Constituye la gran anomalía catalana de que tengamos un presidente que cuenta hoy con el 22% de las preferencias y un partido que tiene el 30% de la gente de los votos, que traducido sobre la base total del censo electoral significa solo el 18%. Esta es la representatividad real de quien nos gobierna.

Según la encuesta del CEO, sólo dos partidos mejoran. Uno de ellos, de forma extraordinaria, es Aliança Catalana (AC), que crece entre un 300% y un 400%, está claro que lo hace desde el nivel mínimo de 2 diputados. El otro partido que crece es ERC, aproximadamente un 10%, que en términos absolutos más que dobla a Aliança Catalana.

Un solo partido retrocede significativamente. Se trata de Junts, que disminuye un 20% el número de escaños. Es una pérdida importante que beneficia a AC sobre todo y en grado más bajo a ERC.

 

Cada vez es más evidente que Junts y sus liderazgos son incapaces de avanzar hacia la hegemonía que en su momento poseyó CDC

Cada vez es más evidente que Junts y sus liderazgos son incapaces de avanzar hacia la hegemonía que en su día poseyó CDC; son una fuerza secundaria y aislada, incapaz de construir una oposición digna de tal nombre a una mayoría tan pobre como la de Illa. En realidad, este gobierna en estos términos más por incapacidad de la oposición que por la fuerza de sus votos. Junts tiene un rendimiento tan pobre, además, porque no posee una figura que lidere sobre el conjunto de la sociedad, a lo que se añade que, en estos momentos, no está nada claro cuál es realmente la caracterización política de esta opción.

Los resultados de la encuesta del CEO señalan a una sociedad catalana muy escorada a la izquierda, tanto es así que puede ofrecer dudas sobre si la muestra es suficientemente representativa o bien presenta un sesgo favorable al electorado de aquella orientación política.

Un factor de duda puede aumentar esta impresión: la elevada preferencia que muestran los catalanes por el presidente Sánchez, un 31%, por tan solo un 3% hacia Núñez Feijóo. Su preferencia es tan baja para ser presidente del Gobierno de España que se ve incluso superado por Santiago Abascal, que alcanza el 4%, aunque esta diferencia, dado el error de la muestra, no tenga significación.

Pero sí la tiene, y muy fuerte, la enorme distancia entre ambos en Cataluña, que no parece responder bien a las preferencias electorales, sobre todo hacia los populares, en unas elecciones generales que en otras encuestas aparecen con cifras claramente superiores.

En cualquier caso, las órdenes de magnitud de la encuesta señalan un resultado francamente contrario para una concepción, no ya independentista, sino simplemente catalanista y partidaria del hecho diferencial catalán, porque resulta que tenemos un presidente del Gobierno español que es abrumadoramente preferido en comparación con el presidente de la Generalitat.

Si a esto se le suma la sujeción orgánica de Illa a Sánchez, y del PSC al PSOE, de quien en la práctica es una simple federación, deberemos reconocer que desde la recuperación de la autonomía en Cataluña nunca había existido en la Generalitat un gobierno más subalterno al Gobierno español que el actual. Bien mirado, no deja de ser una de las grandes paradojas del Procés: la derrota no ya del independentismo, sino del catalanismo.

¿Quizás este será el estado definitivo de Cataluña?

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