La primera conferencia cívica de acción política, que se llevará a cabo el próximo sábado día 14, tiene hoy varios alicientes concretos, relacionados tanto con las intervenciones anunciadas de los diversos participantes, por el juego que puede dar la diversidad de su procedencia y la coincidencia en algunos puntos que son los que caracterizan la convención, como por el objetivo que persigue este encuentro: una revitalización de la sociedad civil para que afronte directamente sus responsabilidades en el campo político y no las deje sólo en manos de unos partidos deteriorados, que están demostrando que por sí mismos no son capaces de velar por el bien común.
Hoy, entre este conjunto de alicientes, cabe subrayar los diálogos que se acometerán en los diferentes grupos de conversación, concretamente cinco. Dos de ellos tratan sobre cuestiones distintas pero cruciales, que en buena medida se articulan entre sí. Uno de ellos abordará la situación de los partidos políticos como problema, según señalan las distintas encuestas, tanto las realizadas desde Catalunya como las del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Se planteará si debe rehacerse el sistema de partidos catalanes.
Esta ponencia estará moderada por la conocida catedrática de derecho constitucional Montse Nebrera. El objetivo de este grupo de conversación es el intercambio de puntos de vista sobre en qué medida los partidos del Parlament de Catalunya, en su funcionamiento y configuración, responden razonablemente bien a las necesidades de los ciudadanos, o si es necesario rehacer, reformar o reparar el sistema.
La cuestión es pertinente y necesaria: los partidos no son la única vía de hacer política, pero sí lo esencial, ya que configuran parlamento y gobierno y, por tanto, son los máximos decisores en la consecución del bien común, que es, en principio, la finalidad de la política.
Pero las encuestas señalan todo otro escenario: la política es, al menos desde 2022 o antes, el primer o segundo problema para los catalanes, y eso de forma ininterrumpida. Según el último barómetro del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat (CEO), entre el 55 y el 62% de los encuestados consideran que no hay ningún partido, o no saben indicar ninguno, capaz de dar respuesta a los problemas concretos (vivienda, inmigración, situación económica, etc.). Pese a ser masivamente favorables a la democracia, los catalanes consideran que ésta funciona mal.
Parece difícil que, desde la lógica actual de los propios partidos, todo esto se resuelva y mejore.
Por otro lado, el sistema electoral catalán, de listas cerradas y bloqueadas, agrava más la situación, porque resta protagonismo a los ciudadanos y lo otorga a la maquinaria de los partidos. Lo que se persigue es responder a preguntas como: ¿cuál es el diagnóstico sobre la situación, sobre todo desde la perspectiva de lo que se debe y se puede hacer?
Junto con una consideración muy concreta: una nueva ley electoral que empodere al elector y haga el diputado responsable ante sus electores, ¿puede contribuir a mejorar la situación? Éstas y otras cuestiones explican el interés del resultado de este grupo de diálogo.
El segundo grupo trata sobre la demografía de Cataluña, la inmigración y la familia. Tres cuestiones estrechamente relacionadas y que hasta ahora no son objeto de políticas claras y decididas por parte de los gobiernos, tanto de la Generalitat como de España. En este grupo actuará como moderador Daniel Arasa, una persona con un gran currículum en los movimientos de familia.
Cataluña está inmersa en una grave crisis demográfica: mueren más personas que nacen desde el 2018. El número de hijos por mujer en edad fértil (tasa de fecundidad) es de 1,1, ligeramente inferior incluso en el española (1,12), una de las más bajas del mundo.
Taiwán, Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Malta son los únicos sitios con peores cifras. Asimismo, los abortos suponen el 40% de los nacimientos; es la autonomía con la cifra más elevada. La gente se casa (tasa de nupcialidad) en menor proporción que en España y la tasa de divorcios desde 2005 es superior a la de la UE (1,8 por 1,6 divorcios por 1.000 habitantes).
El crecimiento migratorio es mucho mayor que el español (2022: 20,25 inmigrantes por 1.000 habitantes en Cataluña, por 15,21 en España). En Barcelona, cerca del 30% de la población nació en el extranjero, y los nacimientos (2023) de hijos de esta procedencia superan en Cataluña el 40%.
El resultado de todo ello presiona negativamente sobre la productividad, la pérdida de capital social, el incremento de la renta per cápita y la convergencia con Europa, la capacidad educadora y el rendimiento escolar, el precio de la vivienda y la lengua y la cultura catalanas.
Todo esto plantea muchas cuestiones. Por ejemplo: ¿por qué se mantienen resultados tan desfavorables a lo largo del tiempo sin acción alguna de los gobiernos español y de la Generalitat? También, ¿podemos asumir como hasta ahora las consecuencias de la baja natalidad, la inmigración masiva y el deterioro en la formación de la familia?
Los interesados en estas cuestiones, así como en los restantes grupos de diálogo ( Grupo 3: Policrisis y crisis moral. Grupo 4: ¿Está en crisis Occidente y sus valores? ¿Cómo nos afecta? Grupo 5: ¿Cuál es el orden de prioridades de las políticas públicas que necesitamos?), tienen ahora la posibilidad de intervenir y escuchar valiosos puntos de vista sobre ellas.