El programa Coeduca’t constituye hoy uno de los elementos centrales para entender la transformación del sistema educativo catalán. No es un complemento pedagógico ni una línea transversal menor. Es una arquitectura ideológica que redefine lo que es educar.
Su punto de partida es explícito: la necesidad de deconstruir las estructuras tradicionales de poder. En este esquema, la familia -padre, madre e hijos- no es un sujeto educativo a preservar, sino un objeto a vigilar y, si es necesario, a superar. Esta operación no es retórica. Se articula mediante contenidos, lenguaje, metodologías y protocolos que afectan a todas las etapas educativas.
Desde los tres años, el sistema introduce una nueva gramática de la identidad. La distinción biológica entre hombre y mujer es sustituida por una lectura basada en el género como construcción. El cuerpo deja de ser una realidad a conocer para convertirse en un campo de interpretación. La intimidad se relativiza en actividades que promueven la exploración corporal como mecanismo de normalización.
En primaria, el foco se desplaza hacia la familia. El alumno está invitado a observarla con ojo crítico. Las relaciones entre padres e hijos se analizan en términos de poder, dominación y reproducción de roles. El resultado es una relectura del núcleo familiar como un espacio potencialmente conflictivo. El niño no solo aprende contenidos: aprende a sospechar de su entorno más inmediato.
Esta dinámica se refuerza con instrumentos específicos. El juego Tutty, aplicado a cursos superiores de primaria, propone una completa reconstrucción del concepto de familia. Los roles desaparecen, las categorías se diluyen y la permanencia deja de ser un valor. La familia se presenta como una combinación variable, sin estructura ni fundamento estable. El padre y la madre dejan de tener un sentido permanente y universal.
Paralelamente, los materiales audiovisuales introducen una sexualidad desvinculada de cualquier marco de responsabilidad. Programas como “Oh My Goig”, difundidos a través de BTV, abordan la pornografía, la prostitución o la masturbación como expresiones de empoderamiento. El sexo se convierte en un instrumento político.
En secundaria, el proceso culmina. El alumno está situado en una posición de activista. Ya no se trata solo de interpretar la realidad, sino de intervenir en ella. Se promueve la denuncia de conductas consideradas contrarias a los derechos sexuales y reproductivos –como el aborto o las cuestiones transgénero– y se define un marco de referentes ideológicos que deben ser conocidos y seguidos.
El resultado es un sistema educativo que ha dejado de tener como centro su conocimiento.
Su principal función ya no es transmitir saber, sino adoctrinar y politizar según una determinada visión ideológica, configurando identidades y orientaciones morales según un patrón concreto.
Esta es la transformación silenciosa que tiene fuertes consecuencias sobre la gente joven. Lo veremos con más detalle.
El Coeduca't no es un complemento: es el núcleo del nuevo sistema educativo catalán Compartir en X






