Cataluña: ¿más productivos o sólo más ocupados? Una advertencia severa

Hay datos que, leídos deprisa, parecen escritos por un estadístico con sentido del humor. En Cataluña, la productividad por hora trabajada mejora; en cambio, la productividad por trabajador prácticamente no se mueve. El Gobierno puede elegir la cifra que le convenga y venderla como una epopeya. Pero la realidad, que suele ser menos ornamental, es otra.

La diferencia no es contradicción, sino el retrato exacto del modelo económico catalán actual.

De acuerdo con los datos de la Cámara de Comercio de Barcelona, ​​el PIB real ha crecido cerca de un 2,7%. Las horas trabajadas, solo un 1,5%. De ahí se desprende una mejora de la productividad por hora del orden del 1,2%. Hasta aquí la fotografía es digna: cada hora de trabajo rinde algo más.

Ahora bien, si en vez de dividir por el número de horas lo hacemos por el número de trabajadores, la música cambia. El empleo también aumentó aproximadamente un 2,7%, casi lo mismo que el PIB. Traducción llana: la economía produce más porque trabaja más gente, no porque cada ocupado produzca mucho más que antes. Aquí acaba la épica y comienza la contabilidad seria.

Esto es lo que los economistas llaman crecimiento extensivo. Dicho en lenguaje callejero: el país avanza añadiendo brazos, no multiplicando la fuerza de cada brazo.

El patrón encaja perfectamente con la reciente estructura catalana.  El grosor del crecimiento proviene de los servicios: turismo, restauración, comercio, logística y servicios personales. Todos estos sectores tienen una evidente virtud política: crean ocupación rápidamente y hacen lucir las ruedas de prensa. Pero también tienen un tozudo límite: la productividad media es modesta.

Por eso la productividad por trabajador se estanca, mientras que la productividad por hora mejora levemente. Han crecido los contratos a tiempo parcial, la flexibilidad horaria y las jornadas más fragmentadas. En resumen: hay más personas ocupadas, pero con menos horas medias por cabeza. El resultado es que cada hora puede parecer más eficiente, mientras que el rendimiento por trabajador se mantiene casi igual.

Es una diferencia técnica, sí, pero sobre todo es una diferencia política. Porque explica qué país se está construyendo.

Un país que crea mucho empleo, pero no eleva lo suficiente la productividad agregada, tiene un techo salarial muy bajo. Los salarios reales solo pueden crecer de forma sostenida si aumenta la productividad. Si esta mejora es escasa, el aumento de los sueldos solo puede salir de tres sitios: de los márgenes empresariales, de los precios o del endeudamiento. Ninguno de los tres es eterno.

Por eso la Cataluña de los clusters biomédicos, las TIC y la industria exportadora convive con otra Cataluña mucho más numerosa: la de los servicios de valor añadido limitado, donde la competitividad depende más del coste que de la innovación.  Es una economía dual: muy moderna en algunos núcleos, muy convencional en su conjunto.

La cuestión decisiva es la productividad total de los factores (PTF), el verdadero termómetro del progreso profundo: tecnología, organización, capital humano y calidad institucional. Y ahí es donde la lectura se vuelve menos amable. Los datos sugieren que la PTF crece poco. Es decir, la mejora no proviene tanto de innovar mejor como de añadir más trabajo y más capital sobre una base conocida.

Este es el nudo del diagnóstico catalán. La economía es dinámica, exporta, atrae inversión y crea empleo. Pero aún no ha resuelto su dependencia de un modelo de crecimiento que premia la cantidad antes que la calidad.

La conclusión práctica es severa: sin un salto en capital humano, innovación aplicada, escala empresarial y eficiencia institucional, Cataluña puede seguir creciendo y, al mismo tiempo, seguir sin converger de verdad con el núcleo productivo europeo.

No es una mala noticia coyuntural. Es una advertencia estructural.

Cataluña crea más trabajo, pero no más valor por trabajador. Crecemos añadiendo manos, no productividad. Sin un salto en capital humano e innovación, el progreso será sólo aparente. Compartir en X

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