Durante más de una década, el gobierno de la República Islámica de Irán invirtió miles de millones en un proyecto para controlar el uso de internet en su territorio.
Oficialmente denominada «Red Nacional de Información», ha sido adjetivada por expertos informáticos como una «versión del pobre del Gran cortafuegos» de la China comunista y como «el internet halal» para sectores de la oposición.
Sobre el papel, su objetivo era sencillo: en tiempos de crisis, la red debía permitir aislar a la ciudadanía del mundo exterior (y potencialmente, unos de otros), a la vez que seguir permitiendo el funcionamiento de las instituciones de la administración pública y la marcha de la economía del país.
Sin embargo, según han apuntado expertos en Financial Times, durante las protestas de 2019 el entonces ministro de la información y tecnologías de comunicación Mohamed Jahromi se dio cuenta de que su gran proyecto era un colador: los opositores se habían organizado a través del chat de un videojuego aprobado por el Consejo Supremo del Ciberespacio.
Sería entonces cuando el gobierno iraní cambiaría de estrategia, y prepararía un nuevo plan para tomar una medida aún más drástica: cortar el acceso a internet en caso de protestas que pusieran en peligro la continuidad del régimen.
Esto fue exactamente lo que Teherán llevó a cabo el 8 de enero de 2026: impedir el acceso general a internet que, según los expertos, fue uno de los apagones «más profundos y sofisticados de la historia«.
Parece que incluso las personas que disponían de las denominadas “tarjetas SIM blancas”, que se supone que deben seguir teniendo acceso a la red en caso de corte intencionado del servicio, se vieron sin conectividad. De hecho, el corte fue seco y general, y derribó también los servicios gubernamentales y bancarios , generando daños colaterales inmensos e infligiendo aún más dolor a una economía ya muy tocada.
Y ahí es donde entra Starlink, el sistema de telecomunicación por satélite de SpaceX de Elon Musk. Al disponer de antenas en el espacio (los satélites) y por el hecho de que estas disponen de enlaces ópticos de datos entre ellos, cualquier individuo equipado de un terminal receptor-emisor Starlink y de un abono activo, puede en principio conectarse a internet en cualquier lugar del mundo, siempre que disponga de suficiente cobertura satelitaria.
Esto es precisamente lo que pensó un proyecto clandestino que empezó a introducir terminales Starlink en Irán en 2022. Durante las actuales protestas, se ha apuntado que la empresa de Musk ha activado el servicio sobre el territorio iraní de forma gratuita.
Hay solo dos formas de impedir que Starlink funcione: encontrar y requisar todos los terminales o sembrar el país de medios de guerra electrónica que interfieren en las bandas de frecuencia de Starlink, incluyendo la del GPS que sirve al terminal para orientarse y encontrar satélites activos.
Expertos rusos podrían haber colaborado con las autoridades de Teherán, ya que Starlink se ha convertido en el principal sistema de comunicaciones inalámbricas de las fuerzas armadas ucranianas.
Sin embargo, resulta muy difícil interferir la totalidad del territorio de un país, ya que se necesita un gran número de antenas generadoras de interferencias que, a diferencia de los satélites, están situadas en el suelo y, por tanto, tienen campos de visión mucho más limitados.
El régimen iraní se ha esforzado tanto en requisar como en interferir, y usuarios de Starlink han informado de pérdidas en la calidad de la señal. La cuestión, de nuevo, es que mantener una interferencia permanente y geográficamente extensa es difícilmente inviable
Sin embargo, todos los esfuerzos del régimen, gracias a estos canales, ha habido vídeos e imágenes que se han acabado filtrando en internet: morgas llenas de muertos, el ruido de ametralladoras en medio de protestas, testigos de iraníes que denuncian la muerte de familiares y amigos, etc.
Ciertamente, no son tantos como los que se han visto en otras ocasiones en las que el régimen estaba mucho menos preparado tecnológicamente, como por ejemplo en Egipto en 2011.
Las autoridades de Irán llevaban años planificando cortar internet, y habían tomado medidas drásticas como autorizar un solo punto físico de conexión con el tráfico exterior. Algo insólito en el mundo y que demuestra la férrea voluntad de control del régimen.
Esto fue exactamente lo que Teherán llevó a cabo el 8 de enero de 2026: impedir el acceso general a internet que, según los expertos, fue uno de los apagones más profundos y sofisticados de la historia. Compartir en X





