{"version":"1.0","provider_name":"Converses a Catalunya","provider_url":"https:\/\/conversesacatalunya.cat\/es\/","title":"Tres morales para una sociedad dividida - Converses a Catalunya","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"hzGbCC3uhK\"><a href=\"https:\/\/conversesacatalunya.cat\/es\/tres-morales-para-una-societat-dividida\/\">Tres morales para una sociedad dividida<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/conversesacatalunya.cat\/es\/tres-morales-para-una-societat-dividida\/embed\/#?secret=hzGbCC3uhK\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"\u00abTres morales para una sociedad dividida\u00bb \u2014 Converses a Catalunya\" data-secret=\"hzGbCC3uhK\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n<\/script>\n","thumbnail_url":"https:\/\/conversesacatalunya.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Captura-de-pantalla-2026-09-24-122610.png","thumbnail_width":1279,"thumbnail_height":678,"description":"\u00bfPor qu\u00e9 nos cuesta cada vez m\u00e1s ponernos de acuerdo sobre cuestiones morales sin acabar hablando lenguajes diferentes? Aborto, familia, educaci\u00f3n, identidad sexual\u2026 Lo que para unos es un derecho indiscutible, para otros es una injusticia; lo que unos consideran progreso, otros lo ven como una regresi\u00f3n. Y lo m\u00e1s significativo es que a menudo ni siquiera compartimos los criterios que nos permitir\u00edan resolver la discrepancia. Alasdair MacIntyre, uno de los grandes fil\u00f3sofos morales contempor\u00e1neos, nos ofrece una explicaci\u00f3n especialmente esclarecedora. Detr\u00e1s de nuestra polarizaci\u00f3n pol\u00edtica hay una polarizaci\u00f3n m\u00e1s profunda: convivimos con concepciones rivales sobre el ser humano, la libertad y el bien. En Three Rival Versions of Moral Enquiry, MacIntyre identifica tres grandes tradiciones morales que todav\u00eda hoy compiten entre ellas. La primera es la herencia de la Ilustraci\u00f3n, sobre la que se han construido las democracias liberales occidentales. Su protagonista es el individuo aut\u00f3nomo y sus grandes principios son la libertad y los derechos individuales. El Estado intenta mantenerse neutral ante las distintas concepciones de la vida y garantizar que cada uno pueda perseguir sus propios fines. Pero aqu\u00ed aparece una primera paradoja: seg\u00fan MacIntyre, esta neutralidad es imposible. El liberalismo contiene tambi\u00e9n una determinada concepci\u00f3n del ser humano. Cuando la libertad se entiende principalmente como autonom\u00eda individual, los v\u00ednculos \u2014familia, comunidad, tradici\u00f3n\u2014 pueden acabar percibi\u00e9ndose m\u00e1s como limitaciones que como elementos constitutivos de la persona. La segunda tradici\u00f3n es mucho m\u00e1s corrosiva. Es la geneal\u00f3gica que comienza con Nietzsche (el nombre proviene de su obra La genealog\u00eda de la moral, de 1887) y que en el siglo XX desarrolla especialmente Michel Foucault. La pregunta ya no es tanto si una norma es verdadera o justa, sino: \u00bfqui\u00e9n ha creado esta norma?, \u00bfqu\u00e9 relaciones de poder esconde?, \u00bfa qui\u00e9n beneficia? Este giro intelectual permite entender gran parte de la cultura contempor\u00e1nea. Las pol\u00edticas de identidad, la teor\u00eda queer o conceptos como patriarcado, heteronormatividad y construcci\u00f3n social son dif\u00edcilmente comprensibles sin esa genealog\u00eda. La cr\u00edtica geneal\u00f3gica tiene una indudable virtud: nos recuerda que tras una aparente neutralidad pueden existir formas de dominaci\u00f3n. Pero tambi\u00e9n contiene una dif\u00edcil contradicci\u00f3n de resolver. Si toda moral es una construcci\u00f3n hist\u00f3rica determinada por relaciones de poder, \u00bfpor qu\u00e9 deber\u00edamos considerar injusta una determinada relaci\u00f3n de poder? \u00bfDesde qu\u00e9 criterio moral la condenamos? Es aqu\u00ed donde aparece la tercera alternativa de MacIntyre: recuperar la tradici\u00f3n que nace con S\u00f3crates, Plat\u00f3n y Arist\u00f3teles, contin\u00faa con san Agust\u00edn y culmina con santo Tom\u00e1s de Aquino. Esta tradici\u00f3n parte de una afirmaci\u00f3n hoy casi revolucionaria: el ser humano tiene una naturaleza y existen bienes objetivos que permiten su realizaci\u00f3n. La libertad, por tanto, no consiste simplemente en poder elegir, sino en aprender a elegir bien, a optar por el bien que reclama nuestra naturaleza. Para Arist\u00f3teles, esto exige virtudes. Nadie nace prudente, justo o generoso: nos convertimos en ello mediante la educaci\u00f3n, el h\u00e1bito y la vida compartida. Y estas virtudes solo pueden crecer en el marco de una comunidad. No somos individuos autosuficientes que posteriormente decidimos relacionarnos con los dem\u00e1s. Somos hijos antes de ser ciudadanos; recibimos una lengua, una cultura y unas obligaciones que no hemos escogido. Durante buena parte del siglo XX, Europa vivi\u00f3 en el paradigma liberal-ilustrado. Pero la revoluci\u00f3n cultural iniciada en los a\u00f1os sesenta introdujo progresivamente la l\u00f3gica geneal\u00f3gica en la universidad, la educaci\u00f3n, la cultura y, finalmente, en la pol\u00edtica. El mayo del 68 fracas\u00f3 como revoluci\u00f3n pol\u00edtica inmediata, pero triunf\u00f3 como revoluci\u00f3n cultural y sus efectos se acabaron trasladando a las leyes y a la acci\u00f3n de los gobiernos, especialmente en el siglo actual. En Catalu\u00f1a, este desplazamiento de la tradici\u00f3n liberal a la geneal\u00f3gica ha adquirido una especial intensidad. Muchas controversias sobre familia, sexualidad o educaci\u00f3n ya no se plantean solo en t\u00e9rminos de libertad y tolerancia. Cada vez m\u00e1s se presentan como una cuesti\u00f3n de estructuras opresoras que hay que deconstruir y de nuevas identidades que deben ser reconocidas y protegidas. Por eso MacIntyre sigue siendo tan actual. Nos obliga a formular la pregunta que la pol\u00edtica suele evitar: \u00bfqu\u00e9 idea de persona y bien com\u00fan sostiene nuestra sociedad? \u00bfPuede una democracia subsistir a la larga con profundos desacuerdos, sin ninguna concepci\u00f3n compartida sobre qu\u00e9 es el ser humano, qu\u00e9 significa la vida buena y qu\u00e9 debemos a los dem\u00e1s? Cuando desaparece ese terreno com\u00fan, la pol\u00edtica deja de ser una deliberaci\u00f3n sobre el bien com\u00fan y corre el riesgo de convertirse en una simple lucha por el poder: conseguir la mayor\u00eda necesaria para imponer, mediante la ley, lo que ya no somos capaces de defender mediante una moral compartida. Twitter:\u00a0https:\/\/x.com\/ros_arpa Art\u00edculo publicado en el Diari de Girona el 23 de septiembre de 2026"}