{"version":"1.0","provider_name":"Converses a Catalunya","provider_url":"https:\/\/conversesacatalunya.cat\/es\/","title":"Isabel II: el porqu\u00e9 de su importancia hist\u00f3rica - Converses a Catalunya","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"KhOAggdiz5\"><a href=\"https:\/\/conversesacatalunya.cat\/es\/isabel-ii-el-porque-de-su-importancia-historica\/\">Isabel II: el porqu\u00e9 de su importancia hist\u00f3rica<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/conversesacatalunya.cat\/es\/isabel-ii-el-porque-de-su-importancia-historica\/embed\/#?secret=KhOAggdiz5\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"\u00abIsabel II: el porqu\u00e9 de su importancia hist\u00f3rica\u00bb \u2014 Converses a Catalunya\" data-secret=\"KhOAggdiz5\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n<\/script>\n","thumbnail_url":"https:\/\/conversesacatalunya.cat\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/isabel.jpg","thumbnail_width":880,"thumbnail_height":495,"description":"Conocimiento de cu\u00e1l es la tarea y la responsabilidad que conlleva el llevarla a cabo y la disposici\u00f3n necesaria para aplicar la virtud que requiere conseguirlo, es decir, la prudencia, una pr\u00e1ctica muy mal entendida entre nosotros porque se confunde con la reserva con utilizar el cintur\u00f3n de seguridad cuando en realidad se trata del fundamento de todas las restantes virtudes, es decir, el saber es el camino que se quiere seguir y la capacidad para llevarlo a cabo. La segunda gran caracter\u00edstica de Isabel II, que contribuye a que el mundo le rinda admiraci\u00f3n, es la del compromiso. Desde su juramento como reina cuando ten\u00eda 20 a\u00f1os y formul\u00f3 precisamente esta causa para asumir comprometerse al servicio de su pueblo, Isabel II la ha llevado a cabo las 24 horas del d\u00eda sin ninguna concesi\u00f3n. Este hecho ha comportado en ocasiones rigideces, distanciamientos y, como es l\u00f3gico, cr\u00edticas. Pero por poco que pensemos, llegaremos a la conclusi\u00f3n de que es algo ineludible. No se puede estar permanente de servicio y al mismo tiempo ser un dechado de simpat\u00eda y proximidad, hecho que no significa ni la rigidez excesiva, ni el distanciamiento de la soberbia, pero s\u00ed un saber mantener cada cosa en su sitio y reducir las emociones, que son la bandera de nuestro tiempo, al m\u00ednimo. Y junto con el compromiso, el v\u00ednculo. Aquello que, junto a este, da sentido a nuestras vidas, porque le confiere una dimensi\u00f3n superior a nosotros mismos. El v\u00ednculo, que necesita del compromiso, significa realizarse a trav\u00e9s de la conciencia de que esta vida alcanza su plenitud, florece en la medida que no se encierra en s\u00ed misma y en sus propias satisfacciones, sino que es capaz de entregarse a una causa mayor que a ella misma, que es precisamente la que le da sentido y plenitud. Las televisiones, las radios, los medios escritos, internet est\u00e1n llenos de comentarios de todo tipo y condici\u00f3n sobre Isabel II, bajo el predominio de la connotaci\u00f3n positiva. Pero tambi\u00e9n, incluso en este contexto, con importantes ribetes de trivialidad. M\u00e1s de un comentarista no ha podido evitar la tentaci\u00f3n de comparar la conmoci\u00f3n nacional que ha provocado la muerte de la reina con la que gener\u00f3 en su d\u00eda Lady Di. Nada que ver. Ni en las condiciones ni en las causas, y mucho menos en las consecuencias. La muerte de Lady Di fue un hecho extraordinariamente tr\u00e1fico como lo es todo accidente mortal, y m\u00e1s cuando siega una vida en la plenitud de su juventud. Fue algo absolutamente insospechado que, l\u00f3gicamente conmovi\u00f3, y en esta conmoci\u00f3n hab\u00eda el hecho a\u00f1adido de la situaci\u00f3n personal de la que fue mujer del pr\u00edncipe Carlos y su aureola, a la vez de miembro de la \u00e9lite brit\u00e1nica pr\u00f3xima a la gente y tambi\u00e9n de v\u00edctima. Todo esto no tiene nada que ver con lo que conmueve hoy al Reino Unido por la muerte de Isabel II. Aqu\u00ed se ha tratado de una muerte anunciada, vivida lentamente y casi ante las c\u00e1maras de televisi\u00f3n. Fue el registro de aquel deber servido hasta el \u00faltimo instante, porque hay que recordar que 2 d\u00edas antes del anuncio de su muerte Isabel II aparec\u00eda fr\u00e1gil pero sonriente, cumpliendo con su obligaci\u00f3n de jefe de Estado, encargando el gobierno de la Gran Breta\u00f1a a la nueva dirigente tory. Han sido 70 a\u00f1os de estar en primera fila de grandes responsabilidades, con una gran discreci\u00f3n, eso s\u00ed, que es precisamente lo que se espera de una monarqu\u00eda constitucional, pero al mismo tiempo transmitiendo la sensaci\u00f3n de que all\u00ed siempre hab\u00eda una \u00faltima raz\u00f3n, un \u00faltimo sentido que daba cohesi\u00f3n a todo, incluso m\u00e1s all\u00e1 del propio Reino Unido. Porque hay que recordar que, a pesar de los pesares, mal que bien, la Commonwealth sigue existiendo y Isabel II era jefe de estado de multitud de pa\u00edses. Una condici\u00f3n excepcional y \u00fanica en el mundo. Ahora, lo que se produce es un gran vac\u00edo, pero no es fruto de la sensibilidad excitada de los sentimientos, aunque tambi\u00e9n juega la p\u00e9rdida de quien se ha acabado convirtiendo en la gran abuela de muchos brit\u00e1nicos. Pero, el vac\u00edo que se percibe es el de la p\u00e9rdida de aquella referencia, no siempre visible, que estaba en todo momento ah\u00ed y que uno pod\u00eda tener la sensaci\u00f3n de que en \u00faltimo t\u00e9rmino se pod\u00eda recurrir a ella. Ahora, empieza realmente una nueva \u00e9poca. Ha desaparecido la \u00faltima gran figura que personalizaba precisamente este sentido del deber, del compromiso y del v\u00ednculo. Tan radicalmente alejado, por no decir opuesto, de otras formas de entender lo que es la responsabilidad del Estado. Para citar un ejemplo reciente, en las ant\u00edpodas estar\u00eda la primera ministra finlandesa, Sanna Marin, que ha tenido que invertir tiempo y esfuerzo para justificar que tiene derecho a divertirse, a pas\u00e1rselo bien, porque esta vida de gobierno es muy dura. Cuan alejada est\u00e1 esta forma de entender esta responsabilidad y el compromiso de gobernar, del que durante no unos pocos a\u00f1os en los cuales uno ha sido elegido, sino a lo largo de una extensa vida, Isabel II ha actuado sin apelar nunca a disponer de un espacio vital propio para poder, dig\u00e1moslo as\u00ed, expansionarse. Es la diferencia entre la acci\u00f3n de personas educadas en el servicio a un orden objetivo, a una causa superior a ellas mismas, y aquellas otras posmodernas, desvinculadas, que viven vidas fragmentadas. Ahora soy el primer ministro, ahora me voy de juerga, ahora me tocan vacaciones. La muerte de Isabel II se\u00f1ala el emblema del fin de una \u00e9poca que se prolong\u00f3 con ella y que habitaba en otra muy distinta, la nuestra, la de la sociedad desvinculada, que tambi\u00e9n est\u00e1 tocando a su fin, que puede ser m\u00e1s o menos lento y que nos ofrece figuras p\u00fablicas que est\u00e1n muy lejos de disponer de las virtudes necesarias para un buen servicio p\u00fablico. Se encarnan, aunque no se reducen a las im\u00e1genes m\u00e1s o menos t\u00f3picas de Johnson en el mismo Reino Unido..."}