{"version":"1.0","provider_name":"Converses a Catalunya","provider_url":"https:\/\/conversesacatalunya.cat\/es\/","title":"El virus y sus ense\u00f1anzas - Converses a Catalunya","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"VXdXh907J4\"><a href=\"https:\/\/conversesacatalunya.cat\/es\/el-virus-y-sus-ensenanzas\/\">El virus y sus ense\u00f1anzas<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/conversesacatalunya.cat\/es\/el-virus-y-sus-ensenanzas\/embed\/#?secret=VXdXh907J4\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"\u00abEl virus y sus ense\u00f1anzas\u00bb \u2014 Converses a Catalunya\" data-secret=\"VXdXh907J4\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n<\/script>\n","thumbnail_url":"https:\/\/conversesacatalunya.cat\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/la-peste.jpg","thumbnail_width":350,"thumbnail_height":545,"description":"Recluidos en casa por el virus, tenemos m\u00e1s tiempo para \u00adleer. Y uno de los libros que han vuelto a ponerse de moda, tres cuartos de siglo despu\u00e9s, es\u00a0La peste,\u00a0de Albert Camus, uno de los padres espirituales de la generaci\u00f3n de setentones que somos mayor\u00eda en este colectivo. Para varios de nosotros es la en\u00e9sima relectura, en algunos casos en ejemplares muy zurrados, desencolados y con abundantes anotaciones y subrayados en varios colores, pues a Camus lo le\u00edamos con la mayor atenci\u00f3n. Los personajes nos saludan desde sus p\u00e1ginas como viejos amigos, no por las largas ausencias menos queridos: Tarrou; el doctor Rieux; el padre Panelou; Rambert; el aspirante a escritor v\u00edctima de su perfeccionismo, que cambiaba una y otra vez los \u00adadjetivos sin acabar de encontrar el id\u00f3neo, o el viejo asm\u00e1tico que, con movimientos regulares, trasvasaba guisantes de una marmita a otra para matar el tiempo: \u201cEs muy sencillo, cada quince marmitas necesito un tentempi\u00e9\u201d. La evoluci\u00f3n espiritual y moral de Camus pas\u00f3 tres etapas: el disfrute despreocupado de la vida, el absurdo y el humanismo ateo. La primera est\u00e1 reflejada en este peque\u00f1o gran libro que es\u00a0Bodas\u00a0, las bodas del hombre y la naturaleza en la costa argelina del mar latino, cerca de Or\u00e1n, la ciudad apestada: \u201cMe arrojaba desnudo sobre las matas de ajenjo para que su perfume penetrara en mi cuerpo&#8230; Fuera del sol, los besos y los perfumes salvajes, todo me parec\u00eda f\u00fatil&#8230; dichosos los que han visto estas cosas&#8230; amo demasiado la vida para no ser ego\u00edsta\u201d. Camus, hijo de madre espa\u00f1ola, nunca se sinti\u00f3 a gusto en la Europa de cielos eternamente plomizos, \u00e9l pertenec\u00eda al sur de sol implacable: \u201cSentir sus lazos con una tierra, su amor por algunos hombres, saber que hay un sitio en el que el coraz\u00f3n siempre encontrar\u00e1 sosiego, son ya suficientes certezas para la vida de un hombre\u201d. En\u00a0El extranjero\u00a0ha desaparecido la alegr\u00eda de vivir, el sosiego, el mundo ha perdido sentido, todo es absurdo. Piensa en suicidarse, pero no lo hace porque incluso el suicidio ser\u00eda absurdo. El propio Camus morir\u00eda, con apenas cuarenta y seis a\u00f1os, en un accidente de coche, esa forma de muerte absurda del hombre contempor\u00e1neo. Su obra cumbre,\u00a0La peste\u00a0, es una profunda reflexi\u00f3n sobre el bien y el mal, el sufrimiento, la disyuntiva entre solidaridad humana y felicidad individual. Algunos de los pasajes de la novela parecen describir situaciones y reacciones psicol\u00f3gicas de las \u00faltimas semanas: la difusi\u00f3n geom\u00e9trica del virus, la inevitable cuarentena, la escuela convertida en hospital de emer\u00adgencia, la incredulidad en un primer momento de que algo as\u00ed pueda ocurrir aqu\u00ed y ahora, la reacci\u00f3n inicial de las autoridades no queriendo inquietar a la ciudadan\u00eda: \u201cLa opini\u00f3n p\u00fablica es sagrada; sobre todo \u00adnada de p\u00e1nico\u201d. Decir la verdad antes de hora puede ser peligroso: \u201cSiempre llega un momento en la historia en que el que \u00addice que dos y dos son cuatro es condenado a muerte\u201d. \u201cLa \u00fanica cosa que me interesa es encontrar la paz interior\u201d, dice Tarrou. Y esa paz, la tranquilidad de conciencia, s\u00f3lo la da ayudar a los dem\u00e1s, la solidaridad humana ante la desgracia. Rambert puede irse de la ciudad para reunirse con su mujer, pero se queda, renunciando a su felicidad para ayudar en la lucha contra la plaga: \u201cNada en el mundo merece que uno se aparte de lo que ama; y sin embargo yo me aparto, sin que pueda saber por qu\u00e9\u201d. El doctor Rieux razona: \u201cSi creyera en un Dios todopoderoso, en vez de cuidar a los hombres le dejar\u00eda a \u00e9l este trabajo\u201d. Es la formulaci\u00f3n del humanismo ateo, la \u00faltima etapa de la evoluci\u00f3n de Camus. \u201cLo que hay de positivo en los hombres es m\u00e1s que lo que hay de negativo\u201d, concluye. Acaba as\u00ed la obra: \u201cEl virus de la peste no muere ni desaparece jam\u00e1s, puede permanecer dormido durante decenas de a\u00f1os&#8230; tal vez llegar\u00e1 el d\u00eda en que, para desgracia y ense\u00f1anza de los hombres, la peste despertar\u00e1 sus ratas y las enviar\u00e1 a morir en una ciudad feliz\u201d. Ha llegado ese d\u00eda. \u00bfCu\u00e1les deben ser las ense\u00f1anzas que sacar del coronavirus? Tal vez, ante todo, ser conscientes de la indigencia del ser humano. Nuestra generaci\u00f3n parec\u00eda muy privilegiada: la primera en siglos, por no decir en la historia, sin ver una guerra; habiendo pasado de ser un pa\u00eds pobre a rico; con la esperanza de vida casi mayor del mundo, no hab\u00edamos sido puestos a prueba por una hecatombe colectiva. Desde ahora ya no podremos decir lo mismo. La desgracia com\u00fan impone la superaci\u00f3n de las miserias de la vida cotidiana, entre ellas las de la vida pol\u00edtica. Se impone una solidaridad humana elemental, entre personas y entre pa\u00edses. Esforc\u00e9monos por sacar, cada uno, las ense\u00f1anzas del virus, desmintiendo \u201ca aquellos que \u2013en las palabras de Camus\u2013 cre\u00edan que la peste puede venir y volver a marcharse sin que nada cambie en el coraz\u00f3n de los hombres\u201d. Con posterioridad a\u00a0La peste\u00a0, escribi\u00f3\u00a0El hombre sublevado\u00a0, que le vali\u00f3 un ataque inmisericorde de Sartre. En \u00e9l reivindica el valor de la libertad, y de la exigencia moral: \u201cLa moralidad es posible, pero sale cara\u201d. Camus nunca habr\u00eda aceptado que ambas cuestiones fueran sacrificadas en el altar de la peste. Publicado en La Vanguardia el 1 de mayo de 2020"}