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<oembed><version>1.0</version><provider_name>Converses a Catalunya</provider_name><provider_url>https://conversesacatalunya.cat/es/</provider_url><title>Tres morales para una sociedad dividida - Converses a Catalunya</title><type>rich</type><width>600</width><height>338</height><html>&lt;blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="UampgVAUvv"&gt;&lt;a href="https://conversesacatalunya.cat/es/tres-morales-para-una-societat-dividida/"&gt;Tres morales para una sociedad dividida&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;iframe sandbox="allow-scripts" security="restricted" src="https://conversesacatalunya.cat/es/tres-morales-para-una-societat-dividida/embed/#?secret=UampgVAUvv" width="600" height="338" title="&#xAB;Tres morales para una sociedad dividida&#xBB; &#x2014; Converses a Catalunya" data-secret="UampgVAUvv" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no" class="wp-embedded-content"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;script&gt;
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Detr&#xE1;s de nuestra polarizaci&#xF3;n pol&#xED;tica hay una polarizaci&#xF3;n m&#xE1;s profunda: convivimos con concepciones rivales sobre el ser humano, la libertad y el bien. En Three Rival Versions of Moral Enquiry, MacIntyre identifica tres grandes tradiciones morales que todav&#xED;a hoy compiten entre ellas. La primera es la herencia de la Ilustraci&#xF3;n, sobre la que se han construido las democracias liberales occidentales. Su protagonista es el individuo aut&#xF3;nomo y sus grandes principios son la libertad y los derechos individuales. El Estado intenta mantenerse neutral ante las distintas concepciones de la vida y garantizar que cada uno pueda perseguir sus propios fines. Pero aqu&#xED; aparece una primera paradoja: seg&#xFA;n MacIntyre, esta neutralidad es imposible. El liberalismo contiene tambi&#xE9;n una determinada concepci&#xF3;n del ser humano. Cuando la libertad se entiende principalmente como autonom&#xED;a individual, los v&#xED;nculos &#x2014;familia, comunidad, tradici&#xF3;n&#x2014; pueden acabar percibi&#xE9;ndose m&#xE1;s como limitaciones que como elementos constitutivos de la persona. La segunda tradici&#xF3;n es mucho m&#xE1;s corrosiva. Es la geneal&#xF3;gica que comienza con Nietzsche (el nombre proviene de su obra La genealog&#xED;a de la moral, de 1887) y que en el siglo XX desarrolla especialmente Michel Foucault. La pregunta ya no es tanto si una norma es verdadera o justa, sino: &#xBF;qui&#xE9;n ha creado esta norma?, &#xBF;qu&#xE9; relaciones de poder esconde?, &#xBF;a qui&#xE9;n beneficia? Este giro intelectual permite entender gran parte de la cultura contempor&#xE1;nea. Las pol&#xED;ticas de identidad, la teor&#xED;a queer o conceptos como patriarcado, heteronormatividad y construcci&#xF3;n social son dif&#xED;cilmente comprensibles sin esa genealog&#xED;a. La cr&#xED;tica geneal&#xF3;gica tiene una indudable virtud: nos recuerda que tras una aparente neutralidad pueden existir formas de dominaci&#xF3;n. Pero tambi&#xE9;n contiene una dif&#xED;cil contradicci&#xF3;n de resolver. Si toda moral es una construcci&#xF3;n hist&#xF3;rica determinada por relaciones de poder, &#xBF;por qu&#xE9; deber&#xED;amos considerar injusta una determinada relaci&#xF3;n de poder? &#xBF;Desde qu&#xE9; criterio moral la condenamos? Es aqu&#xED; donde aparece la tercera alternativa de MacIntyre: recuperar la tradici&#xF3;n que nace con S&#xF3;crates, Plat&#xF3;n y Arist&#xF3;teles, contin&#xFA;a con san Agust&#xED;n y culmina con santo Tom&#xE1;s de Aquino. Esta tradici&#xF3;n parte de una afirmaci&#xF3;n hoy casi revolucionaria: el ser humano tiene una naturaleza y existen bienes objetivos que permiten su realizaci&#xF3;n. La libertad, por tanto, no consiste simplemente en poder elegir, sino en aprender a elegir bien, a optar por el bien que reclama nuestra naturaleza. Para Arist&#xF3;teles, esto exige virtudes. Nadie nace prudente, justo o generoso: nos convertimos en ello mediante la educaci&#xF3;n, el h&#xE1;bito y la vida compartida. Y estas virtudes solo pueden crecer en el marco de una comunidad. No somos individuos autosuficientes que posteriormente decidimos relacionarnos con los dem&#xE1;s. Somos hijos antes de ser ciudadanos; recibimos una lengua, una cultura y unas obligaciones que no hemos escogido. Durante buena parte del siglo XX, Europa vivi&#xF3; en el paradigma liberal-ilustrado. Pero la revoluci&#xF3;n cultural iniciada en los a&#xF1;os sesenta introdujo progresivamente la l&#xF3;gica geneal&#xF3;gica en la universidad, la educaci&#xF3;n, la cultura y, finalmente, en la pol&#xED;tica. El mayo del 68 fracas&#xF3; como revoluci&#xF3;n pol&#xED;tica inmediata, pero triunf&#xF3; como revoluci&#xF3;n cultural y sus efectos se acabaron trasladando a las leyes y a la acci&#xF3;n de los gobiernos, especialmente en el siglo actual. En Catalu&#xF1;a, este desplazamiento de la tradici&#xF3;n liberal a la geneal&#xF3;gica ha adquirido una especial intensidad. Muchas controversias sobre familia, sexualidad o educaci&#xF3;n ya no se plantean solo en t&#xE9;rminos de libertad y tolerancia. Cada vez m&#xE1;s se presentan como una cuesti&#xF3;n de estructuras opresoras que hay que deconstruir y de nuevas identidades que deben ser reconocidas y protegidas. Por eso MacIntyre sigue siendo tan actual. Nos obliga a formular la pregunta que la pol&#xED;tica suele evitar: &#xBF;qu&#xE9; idea de persona y bien com&#xFA;n sostiene nuestra sociedad? &#xBF;Puede una democracia subsistir a la larga con profundos desacuerdos, sin ninguna concepci&#xF3;n compartida sobre qu&#xE9; es el ser humano, qu&#xE9; significa la vida buena y qu&#xE9; debemos a los dem&#xE1;s? Cuando desaparece ese terreno com&#xFA;n, la pol&#xED;tica deja de ser una deliberaci&#xF3;n sobre el bien com&#xFA;n y corre el riesgo de convertirse en una simple lucha por el poder: conseguir la mayor&#xED;a necesaria para imponer, mediante la ley, lo que ya no somos capaces de defender mediante una moral compartida. Twitter:&#xA0;https://x.com/ros_arpa Art&#xED;culo publicado en el Diari de Girona el 23 de septiembre de 2026</description></oembed>
