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Contrariamente al resto de los pensadores de la Ilustraci&#xF3;n, para el fil&#xF3;sofo ginebrino la cultura, las artes y las ciencias, no s&#xF3;lo no han ayudado a mejorar las costumbres, sino que las han corrompido. Tiene una visi&#xF3;n ingenuamente optimista de la naturaleza humana, y muy pesimista de la sociedad que se ha erigido en torno a una cultura artificiosa, a la privatizaci&#xF3;n de la propiedad y a la desigualdad que ha provocado. Rousseau conf&#xED;a en la bondad originaria del sentimiento puro, fijando su referente ideal en un hipot&#xE9;tico estado de naturaleza. Desconf&#xED;a de una Ilustraci&#xF3;n entregada a la raz&#xF3;n pero que se olvida de lo m&#xE1;s importante: el conocimiento del propio hombre. En la medida en que &#xE9;ste se aleja de s&#xED; mismo aumentan las falsas necesidades que le imponen los dem&#xE1;s, la vanidad y la envidia. En nuestro tiempo de consumismo y redes sociales este diagn&#xF3;stico de hace m&#xE1;s de dos siglos puede resultarnos cercano. Rousseau idealiza la infancia y la contrasta con todo lo que rechaza del hombre adulto y mal socializado. &#xC9;ste, en la educaci&#xF3;n, no debe ser el modelo a imitar por el ni&#xF1;o, sino que es el ni&#xF1;o el que muestra al adulto lo que debe llegar a ser. Esto lleva a la llamada &#x201C;educaci&#xF3;n negativa&#x201D;: no instruir al ni&#xF1;o en todo lo que puede aprender por s&#xED; mismo, dejarle que siga su instinto y experimente por s&#xED; mismo, dejarle crecer sin los prejuicios, costumbres y conocimientos de los adultos. Est&#xE1; clara la influencia de Rousseau en la pedagog&#xED;a que se ha venido aplicando estas &#xFA;ltimas d&#xE9;cadas, cuyos resultados hoy se cuestionan. Tanto en los textos declamados por Jordi Boixaderas, como en &#x201C;La Disputa&#x201D; formidablemente interpretada por Josep Maria Flotats y Pep Planas, se menciona que el fil&#xF3;sofo entreg&#xF3; cada uno de sus cinco hijos al hospicio a medida que iban naciendo, donde recibieron &#xAB;una educaci&#xF3;n severa pero justa, como en la Rep&#xFA;blica de Plat&#xF3;n&#xBB;. No sabemos si esa renuncia a hacer de padre responde a una conveniencia personal o tiene que ver con su idea de que la paternidad es un privilegio social contrario a la igualdad. Con el objetivo de superar los males que observa en la sociedad, el Rousseau m&#xE1;s maduro da un salto desde el puro individualismo y la inocencia de su a&#xF1;orado estado de naturaleza, a la confianza ciega en el imperio de la voluntad general representada en la ley. En virtud del Contrato Social, cada individuo ya no debe someterse hacia otro sino que debe ceder sus derechos a favor de la comunidad, renunciar a sus intereses ego&#xED;stas a favor del bien colectivo. Lo que acaba proponiendo es un radical igualitarismo y una total colectivizaci&#xF3;n de la sociedad, incompatibles con cualquier intermediaci&#xF3;n familiar, religiosa, asociativa, ni de ning&#xFA;n tipo entre el individuo y el estado democr&#xE1;tico soberano. La soberan&#xED;a representada en la voluntad general del cuerpo social es inalienable, indivisible, infalible y absoluta. A diferencia de Montesquieu, Rousseau no es partidario de la separaci&#xF3;n de poderes. Tampoco lo son en la pr&#xE1;ctica muchos de nuestros gobernantes actuales, pero m&#xE1;s por las luchas partidistas que por respeto a la soberan&#xED;a indisoluble del conjunto del pueblo. En la sociedad que propugna Rousseau no hay sitio para los intereses particulares, ni para los partidos, entidades o grupos de presi&#xF3;n que les representan, por ser todos estos contrarios a la dictadura de la mayor&#xED;a. Por estas razones, se puede considerar a Rousseau como un precursor de Marx. As&#xED; legitima tambi&#xE9;n la omnipotencia de las leyes, otro rasgo caracter&#xED;stico de la posmodernidad. No sabemos si Rousseau pod&#xED;a llegar a imaginarse que esta soberan&#xED;a absoluta del legislador acabar&#xED;a negando incluso la m&#xE1;xima del constitucionalismo ingl&#xE9;s seg&#xFA;n la cual &#x201C;el Parlamento puede hacerlo todo menos convertir a un hombre en mujer&#x201D;. Pero &#xE9;sta es la pretensi&#xF3;n de las leyes de principios del siglo XXI. Quiz&#xE1;s en el siglo XVIII no era concebible el grado de relativismo moral y de nihilismo que dominan en la sociedad posmoderna. Y al ingenuo de Rousseau le pas&#xF3; por alto lo que pod&#xED;a llegar a hacer un legislador sin unos principios prepol&#xED;ticos o de derecho natural a los que atenerse. Tambi&#xE9;n quedar&#xED;a sorprendido si viera como en nuestro tiempo la voluntad general expresada en los parlamentos a menudo hace prevalecer las pasiones e intereses particulares minoritarios por encima del bien com&#xFA;n de la mayor&#xED;a. Rousseau es la confirmaci&#xF3;n&#xA0; que de los rom&#xE1;nticos y de los que no tocan con los pies en el suelo no suelen salir buenas propuestas pol&#xED;ticas. Y esto es tambi&#xE9;n aplicable a la pol&#xED;tica catalana del siglo XXI. Publicado en el Diari de Girona el 25 de noviembre de 2024</description></oembed>
